Entrevista a Santiago Armesilla (Parte II)

Alejándonos de esa parte más académica, quería adentrarme en tu posición política. No hace falta navegar mucho para ver que te atacan desde la izquierda debido a tu posicionamiento nacionalista ¿Qué te hizo abrazar la idea de España, cuando en este país la izquierda nunca lo ha hecho? Podemos ver como Podemos o IU hablan de una patria de los asalariados, de los que no llegan a fin de mes. Tú hablas de una patria con son esos mismos sujetos pero también es el Estado. Si, existen conexiones culturales e históricas que nos permitirían hablar de ello, ¿pero no resulta extraño ese nacionalismo en la izquierda, más aun con la cuestión secesionista de fondo?

Mi postura se tildará de nacionalista dependiendo de lo que se entienda por nacionalismo. Mi postura, en lenguaje político actual es, simplemente, patriota. Es simple patriotismo español, que equivale, como diría Bueno, a nacionalismo cívico-político. Bueno, en su libro España frente a Europa, distingue cuatro significados del término nación, que surgen en contextos históricos distintos, pero que llegan hasta nuestros días. Primero estaría el significado inicial, medieval, de nación biológica, que hace referencia o a las partes del cuerpo de uno (“la nación de los dientes”) o a la familia y la estirpe.

Luego vendría la nación étnica, que en España serían los gitanos y las distintas comunidades inmigrantes actuales. Ni Cataluña ni el País Vasco son etnias, ni tampoco los españoles lo son, aunque haya nacionalismos étnicos que, o bien desde el catalanismo y el vasquismo, o bien desde el españolismo, tratan de etnificar las comunidades que dicen “defender”. Luego estaría la nación política, que surge con el Estado ya constituido, y no al revés. La nación es un producto del Estado, y no el Estado un producto de la nación. España es nación política desde la Guerra de Independencia, el Primer Periodo Revolucionario que consigno en El marxismo y la cuestión nacional española. Y luego estaría la nación fraccionaria, que Bueno asimiló a los movimientos separatistas que tratan de construir un Estado-nación.

Yo me sitúo en el nacionalismo político español, que surge en el Primer Periodo Revolucionario, y que hoy día se llama patriotismo. Hay que decir que la distinción nacionalismo-patriotismo, propia del marxismo-leninismo, es la misma distinción que, en el materialismo filosófico de Bueno, se plantea entre nacionalismo étnico-nacionalismo político. Así pues, si se dice que soy patriota español, y nacionalista político español, se está diciendo lo mismo. Pero si se afirma que soy nacionalista español a secas, sin distinguir si España es nación étnica o política, lo que se hace es actuar de mala fe para definir mi posición política respecto de España. La nación política española, además, no es solo la plebe obrera respecto de la burguesía. Evidentemente, defiendo que los trabajadores españoles se organicen para constituirse en clase nacional, es decir, en clase dirigente, desplazando políticamente a la burguesía, destruyendo su aparataje estatal de poder para instaurar, sobre sus cimientos, un aparataje estatal nuevo, proletario. Pero, al hacerlo, no deben los trabajadores destruir los cimientos históricos anteriores.

Porque la Patria es, también, la tierra de los padres. Es el territorio y el patrimonio histórico que sobre él se ha construido durante siglos o milenios, que debe ser heredado, en socialismo, a las generaciones futuras. Diría incluso que esta posición es la única coherentemente de izquierdas en España, pues la nación política española es una creación de la izquierda liberal doceañista, de la cual el comunismo debe considerarse heredera. Los que me atacan sobre este asunto no tienen ni idea de Historia, ni de política, ni de marxismo. Son unos analfabetos funcionales que, además, nunca me han admitido ningún debate público. Tratan solamente de calumniar, pero saben que sus ideas, más allá de la identidad que les otorga a nivel social, no resisten la mínima crítica materialista fuerte.

Ha militado en diferentes agrupaciones le supuso algún encontronazo el haber defendido su posición dentro del PCE ¿Cómo ha respondido el comunismo español a su libro Marxismo y la cuestión nacional española? ¿Su nacionalismo es trasversal o nace de la clase explotada, es un nacionalismo puramente obrero?

Lo dicen claramente Marx y Engels en el Manifiesto Comunista: mientras que la lucha de clase se desarrolla a escala nacional, los trabajadores son clase nacional, y su misión es elevarse a condición de nación. Es decir, a dictadura revolucionaria del proletariado, entendiendo esta clase como la “no-clase burguesa”, dominante de la nación política desde los inicios del modo de producción capitalista. Mi nacionalismo político español es un patriotismo de corte socialista, marxista-leninista y materialista político. El único patriotismo posible. Hay, digamos con reservas, verdaderos patriotismos, pero solo hay patriotismo verdadero cuando este no es ni rompepatrias, fraccionario, ni vendepatrias, capitalista.

Mi libro salió en 2017, como toque de atención a los restos de izquierda comunista que quedaban en España. La reacción ha sido dispar, pero puedo decir que la hostilidad proviene más de aquellos que no lo han leído que de sus lectores. La reacción del PCE, partido en el que milité de 2013 a 2017, ha sido de bastante hostilidad por parte de buena parte de su dirección, salvo excepciones muy loables, y de acogimiento y entusiasmo desde sus bases. Todo aquel que ha leído el libro, y lo ha entendido, ha acabado asumiendo sus postulados, pues en ellos solo ofrezco la doctrina marxista-leninista de la nación, del Estado y sobre España, tomando lo que literalmente dicen sobre todo ello Marx, Engels, Lenin, Stalin y Rosa Luxemburgo. Nada más que eso es lo que uno puede encontrar en mi libro.

Cuando el libro se publicó, no se publicitó en las fiestas del PCE. Eso sí, yo me fui del PCE por motivos personales y profesionales, y no por desavenencias políticas con nadie de dentro. Ha sido a mi marcha cuando han salido. Considero que el PCE no tiene arreglo, es irreformable. Pero tampoco son reformables los micropartidos “comunistas” que pululan por España, aunque me consta que bastante gente del PCPE, PCOE, e incluso de Reconstrucción Comunista, han aplaudido el libro y se han replanteado postulados anteriores. Eso sí, considero que ahora prima más la construcción teórica, filosófica y política, antes que la construcción de un nuevo Partido, aunque se están dando movimientos en ese sentido por parte de gente muy loable, como Somos España (antes PARESTRA), aunque su esfuerzo es solo testimonial. Así pues, diría que la respuesta de dicho “comunismo español” ha sido muy entusiasta desde las bases, pero muy hostil desde las direcciones partidarias, porque el libro les coloca como lo que muchos de ellos son: analfabetos funcionales, advenedizos, gente que solo busca colocarse y que justifican errores históricos desde posiciones meramente personales. También ha habido hostilidad desde antiguos miembros de Izquierda Hispánica, como Héctor Ortega (ahora en Podemos) o José Luis Pozo Fajarnés (ahora un simple buenista vulgar). Del resto de gente que militó en IH, no obstante, solo he recibido elogios.

A menudo se le acusa de ser amigo de Abascal o, al menos, de tener cierta relación con él. Parece que Somosaguas ha conseguido europeizarnos al haber engendrado un partido como VOX en nuestro país ¿Qué factores crees que han permitido este auge? ¿Son posiciones que la izquierda ha perdido o sus votantes son elementos de la clase media? A raíz de esta pregunta, se le acusa de no condenar ciertas agresiones, creo que cabe abrirle un hueco para que pueda condenar el ataque a los antifascistas llevado a cabo por sujetos nacionalistas no independentistas. 

Mi relación con Abascal no es de amistad. Es cierto que le conozco desde hace muchos años, y que me seguía en twitter, pero nuestra relación se dio a través de los materialistas discípulos de Bueno que estaban en la Fundación DENAES, la cual, por mucho que pueda extrañar, es una institución totalmente independiente de Vox. Una vez, Abascal, me comentó un tuit patriótico sobre Blas de Lezo, y no me gustó que lo hiciera, aunque fuese libre para hacerlo, porque me sentí políticamente utilizado por él entonces. Se lo hice saber públicamente y, entonces, él me dejó de seguir.

Pero dicho esto, Abascal no es para nada un fascista, es simplemente un liberal-conservador seguidor de las ideas de Ramiro de Maeztu y Menéndez Pelayo, que ha organizado un partido político que, en la coyuntura política actual, era normal que triunfara. Diría, además, que está más cerca de la Alianza Popular de los años ochenta del siglo pasado que de cualquier resabio fascista o nacionalsindicalista. Vox no pretende ni nacionalizar la banca, ni socializar los medios de producción, ni realizar la reforma agraria, como defendieron algunos falangistas de la rama de Ledesma o Hedilla. Vox solo quiere reformar la Constitución de 1978 en su artículo 2, en el Título VIII y poco más.

Económicamente hablando, yo les veo oscilar entre postulados monetaristas y austriacos, y claro, eso les sitúa, mal que les pese, en el bando de los rompepatrias. Y no pretenden salir de la Unión Europea y el euro, sino que España se sitúe cerca de las ideas del grupo de Visegrado, liderado por Polonia y Hungría, y volver a una Europa de los Estados-nación, tratando de revertir el proceso de regionalización. Pero esa es una lucha perdida. Todo lo que no sea una ruptura total con “Europa”, y la organización, previa a esa ruptura si se quiere, de una organización geopolítica panibérica o iberófona, es algo condenado al fracaso. Vox ha encontrado una ventana de oportunidad y la está aprovechando, ya veremos hasta dónde. Pero son tan producto del régimen del 78 y del autonomismo como Podemos, solo que en dirección opuesta a estos, por lo que también obtienen bastantes votos de expodemitas. No diría que son “clase media” sus votantes, porque el concepto de “clase media” es oscuro y confuso. Diría que es transversal, primando el asalariado urbano con alto grado de formación profesional y universitaria, y también con un buen porcentaje de voto de pequeños propietarios agrícolas y ganaderos.

Si asumieran un discurso más proteccionista, como Le Pen en Francia, le podrían comer la tostada al PSOE, pero no los veo por la labor. Respecto a lo que comentas de las agresiones, no sé cuáles no he condenado. Condeno (si es que vale de algo condenar) cualquier agresión fascista, racista, homófoba y nazi a cualquier persona, sea izquierdista, comunista, inmigrante, LGBTIQ+, judía, etc. Siempre me posicionaré en contra de cualquier agresión de ese tipo. Y cualquier agresión a cualquier antifascista tendrá mi condena. Recuerdo lo mucho que me impactó el asesinato de Carlos Palomino. Estébanez, su asesino, era un militar entrenado, contra el cual Palomino no podía defenderse. Es como afirmar que un puñado de hormigas puede “apagar” una hoguera que rodeasen, la cual las puede quemar solo con expandirse un poquito. Otra cosa es que el concepto de “antifascismo” también me parezca oscuro y confuso, porque es una definición en negativo, que no tiene sentido salvo que se defina primero qué es el fascismo. Porque tan antifascista era Stalin como Churchill, Olof Palme o Ronald Reagan. En el antifascismo cabe de todo, incluso ideas muy reaccionarias. ¿Acaso los ayatolás de Irán no serían antifascistas? El fascismo fue un movimiento laico, incompatible con el Islam político. Y el “islamofascismo” es como lo de las “feminazis”, insultos que no significan políticamente nada. Eso sí, yo el Hogar Social Madrid, que sí es fascista, lo ilegalizaría.

No sé si conoce el grupo de filósofos franceses Comité invisible, en su último libro Ahora le dan un consejo a Podemos. Allí dicen que no han conseguido interpretar lo horizontal de las sociedades modernas, acusan a podemos de ver nuestro tiempo desde la verticalidad de lo político. Puede que tu hayas sido víctima, en algún momento, de dicha horizontalidad ¿Crees que pueda ser una herramienta para articular un discurso? 

No sé en qué sentido definen ellos la horizontalidad política. Pero que todas las sociedades políticas son verticales, con mayor o menor fluidez de cargos en dicha verticalidad, es un hecho y, además inevitable. Quien dice sociedad o comunidad política, inclusive las socialistas y comunistas, dice verticalidad, poderes ascendentes y descendentes. A mi juicio, el error más grave de Podemos, a nivel político, ha sido despreciar la Historia, pensar que con ellos nace la Historia, y antes no se hacía política.

Era ridículo ver a Iglesias Turrión regalar los DVDs de Juego de Tronos a Felipe VI, un Borbón, que representa a una dinastía aristocrática que lleva siglos gobernando España y que ha sido muy poderosa en Francia hasta el siglo XIX. Es como regalarse American Psycho al carnicero de Milwaukee. ¿Qué pretendes enseñarle a un asesino en serie sobre asesinatos en serie? Por eso, ¿qué política maquiavélica pretendes enseñarle a un Borbón, que está siendo educado desde la niñez en dicha política?

La frivolidad, la suficiencia ideológica, es el mal de nacimiento de Podemos. Y es anterior a su constitución como Partido. Dicho todo esto, fallaron además en su idea de Patria. Si identificas a la Patria con los asalariados, y con el Estado de bienestar, caes en el economicismo que denunció Lenin. Y acabar apelando a España, cuando jamás has defendido la nación política española, pues la gente lo nota, notan que apestas a impostura, que eres falso. Los trabajadores españoles, y también aquellos sectores de otras clases sociales no productoras de valor que simpaticen con el socialismo y con el patriotismo, incluso que no sean socialistas pero que tengan una cierta idea de bien común y no sean individualistas, tienen que ver que, además de querer el poder, quieres a tu nación, reivindicas su Historia, su legado, sus héroes y heroínas, sus grandes gestas históricas, y asumes lo que como compatriota de ellos te determina, que es la Historia, para bien y para mal.

No significa tampoco pensar que España es la mejor nación del Mundo y que el resto de naciones son basura. En absoluto. Pero sí entender que España es una de las naciones más importantes de la Historia, fundamental para entender los últimos 500 años de Historia Universal, y que precisamente España, al descubrir América, circunnavegar la redondez de la Tierra, y universalizando un idioma hablado por más de 550 millones de personas, ha hecho aún más Universal dicha Historia, la cual no puede prescindir de España. El impacto universal que tendría un gobierno patriota y comunista en España, teniendo en cuenta dicho impacto histórico universal español, sería tremendo. Y más si hace bien las cosas, demostrando incluso a otros socialistas, como los bolivarianos venezolanos, que hay opciones mejores a la suya y que hablan su mismo idioma. El socialismo es la esencia de toda sociedad humana, y esta idea es de Bueno, aunque yo la asumo. También lo es en las sociedades políticas que hablan español. Hay que ponerse en serio con ello.




Entrevista a Santiago Armesilla (Parte I)

Quisiera comenzar preguntándote sobre el giro que ocurre en tu formación. Me parece reseñable que una persona que estudia la licenciatura de políticas acabe siendo doctor en economía y, recientemente, publicando su segundo libro sobre economía. ¿Qué te llevó a este cambio? ¿Por qué la economía?

El nombre oficial de mi título de Doctor es el de “Doctor por la Universidad Complutense de Madrid”, y solo en el párrafo encima de esta frase pone “dentro del programa de Economía Política y Social en el Marco de la Globalización”. Se trataba de un programa oficial de doctorado, dentro del plan anterior a Bolonia, el de 1993, que impartió el Departamento de Economía Aplicada V de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid.

Es con Bolonia cuando dichas titulaciones empezaron a tener denominaciones demasiado abiertas, supuestamente para otorgar más posibilidades académicas y laborales a los doctores, o eso me dijeron las funcionarias. Pero claro, esto no es cierto, porque al final todo va a depender de si te acreditas por la ANECA o no, y en qué rama del saber. El Doctorado que hice yo era de pura economía, más bien de macroeconomía, aunque luego hice la tesis sobre una comparación gnoseológica, desde la Teoría del Cierre Categorial de Bueno, entre la teoría de la utilidad marginal y la teoría del valor-trabajo. Lo que ocurrió es que los cinco primeros capítulos de mi tesis, que luego quedaron resumidos en mi primer libro de 2015, “Trabajo, utilidad y verdad”, editado por Maia, eran la parte más de filosofía de la ciencia, o si prefieres, filosofía de la economía, de mi tesis. Pero dicho análisis gnoseológico conllevo escribir dos capítulos más en la misma, que me llevó a desarrollar una parte ontológica que, si todo va bien, será publicada este año como nuevo libro. En el Doctorado nos dieron una formación económica bastante teórica, pero muy sólida.

Pero la economía me interesaba de antes, por las lecturas de Marx. Eso sí, siempre desde un prisma filosófico, como hacía él, como crítica de la Economía Política. Lo que ocurre es que para hacer esa crítica a la disciplina tienes que conocer su parte empírica muy bien, su aplicación práctica, su campo. Mi formación en la licenciatura, como bien dices, fue de politólogo. Aunque yo estudié politología -no me gusta llamarla “ciencia política”, porque no es una ciencia propiamente dicha, lo cual no le quita racionalidad a su estudio, mal que pese a algunos-, porque en el Instituto, en Tercero de B.U.P., durante una charla sobre salidas profesionales, decían que era la que mejor te preparaba para las oposiciones y la docencia. Claro que con los años me di cuenta de que eso era mentira, porque hay tan variadas oposiciones y tan distintas ramas docentes que perfectamente podría haber tirado para otro lado. Lo que de verdad me tiraba en mis últimos años de adolescencia era la filosofía, pero acabé estudiando lo otro.

Ya con 17 años empecé a leer a Marx. También a otros filósofos como Nietzsche. Me leí “El anticristo”, y me pareció horrorosa toda esa visceralidad contra la parte más universalista del cristianismo. En todo caso, ya en la carrera, en segundo, conocí los textos de Diego Guerrero, que acabó siendo mi director de tesis doctoral. Creo que Guerrero ha creado una cierta escuela, que hay muchos economistas marxistas que han desarrollado investigaciones muy buenas partiendo de su influencia, como Mario del Rosal, Javier Murillo, Juan Pablo Mateo Tomé, Xabier Arrizabalo, Eddy Sánchez, etc. Habría que nombrar también en ese elenco de magníficos economistas a Joaquín Arriola, pero geográficamente no es cercano, pero es de los mejores en su campo. También a Maxi Nieto Ferrández, que está en Alicante, que diría que es de los mejores analistas de la teoría del valor-trabajo de Marx en español. Rolando Astarita sería otro nombre a tener en cuenta, otro gran conocedor de la teoría del valor-trabajo. Yo diría que no hubo cambio, sino que mi interés por la filosofía materialista de Marx, orientada desde la carrera de politología, me permitió desarrollar un enfoque aplicativo bastante amplio, por todos los campos que la politología toca, siendo uno de ellos la Economía Política -no le quitemos el adjetivo de política a la disciplina-. Y en mi caso, el hacer ese doctorado fue un proceso lógico conectado con mi formación anterior, y también posterior.

De los tres libros que tengo publicados, dos son de economía, y el cuarto también será de economía, de Historia económica. De todas las ciencias sociales, la economía es la que de una manera más pretendidamente sistemática, trata de abarcar más campos de la vida política. Es una disciplina invasiva de todas las demás, no la única, pero sí la que ha conseguido hacerlo de una manera más exitosa, con mayor solidez empírica. También la politología o la psicología lo han hecho. Esta última con mucha presencia en la economía desde hace más de un siglo. Pero la economía es la disciplina del conocimiento que más elementos ha absorbido de todas las restantes ciencias sociales, los economistas son gurús sociales y políticos, y de la racionalidad de sus recetas puede depender la recurrencia y estabilidad de cualquier sociedad política. Así pues, para mi hay una conexión lógica, sin olvidar sus puntos de desconexión, entre política y economía. Y no solo por la política económica, que también. Sino porque la economía, a pesar de Marshall y los neoclásicos, sigue siendo Economía Política. Y claro, analizar esa conexión desde un enfoque filosófico materialista es muy interesante. Lo hizo Marx en su día, y su influencia sigue siendo palmaria, no es perro muerto. En este proceso académico por el que preguntas me convierto también en discípulo de Diego Guerrero y de su enfoque cuantitativo y gnoseológico de la teoría del valor-trabajo, si bien yo le añado la lectura gnoseológica y ontológica del materialismo filosófico de Bueno, del cual también me volví discípulo durante la carrera.

Normalmente te muestras reacio a las posturas de cierta izquierda, la llamas izquierda indefinida, ¿qué significó para esta postura el haber compartido espacio durante tanto tiempo con ellos? ¿Y para ti?

Yo me acerqué al materialismo de Bueno en la carrera de políticas, en la famosa Facultad de Somosaguas. Siempre fui muy curioso, y aunque a Bueno le conocía antes superficialmente y no me gustaban sus ideas, el empezar a leer entrevistas suyas me convenció de mi errónea conceptualización sobre su forma de ver la Realidad. Además, Somosaguas me ponía enfermo. Era un sitio lleno de pijos que se hacían pasar por “revolucionarios”. Era asqueroso ver gente con aspecto de perroflauta venir en bicicleta a la Facultad, desde Pozuelo, porque vivían al lado, para ocultar que venían de casoplones propiedad de sus padres, funcionarios de alto rango, empresarios o altos cargos del PSOE o del PP, incluso. Mientras que algunos teníamos que viajar en metro y en bus durante una hora viniendo desde Vicálvaro.

Además, siempre apoyaban causas absurdas, irracionales o directamente vomitivas: destrucción de España, ETA, vegetarianismo-veganismo-animalismo, “otra Europa posible”, etc. Organizaban asambleas para decidir cuándo realizar la próxima asamblea, donde los que dominaban las mismas eran los que tenían el megáfono si eran con mucha gente al aire libre, o los que tenían papel y boli y las dirigían. Es ahí cuando conozco a Iglesias, a Errejón, a Ramón Espinar y otros fundadores de Podemos. Hacia tercero de carrera yo decido dedicarme a estudiar y sacarme la carrera y pasar de todo aquello. Me metí de lleno en la lectura de Bueno y de Marx, y ellos fundan Contrapoder, una asociación inspirada en el autonomismo de Toni Negri, que se dedicaba a hacer actos absurdos, ejerciendo bastante violencia para intimidar al resto del alumnado y del profesorado, con la cual, en realidad, solo buscaban colocarse y medrar. Cosa que yo creo que consiguieron.

A mí me dieron clase Monedero y Verstrynge, pero no tengo queja de ellos como profesores en absoluto. Eso sí, estaban metidos en el ajo. Ahí no había proyecto político alguno, solo hacer performances a lo Guy Debord. Fueron ellos los que organizaron la “toma de la capilla” en la Facultad de Psicología, con la que casi destrozan a un buen puñado de memas de primero y de segundo en su carrera académica, que fueron allí a quedarse desnudas de cintura para arriba. También fueron ellos los que colocaron la pancarta pidiendo la libertad de Iñaki de Juana Chaos. También trajeron a Evo Morales a dar una conferencia, y le dedicaron un mural de Tupac Amaru. “Tomaban aulas” a ritmo de Manu Chao.

Recuerdo una huelga contra el Plan Bolonia, que no sirvió para nada, en la que trajeron a la Puerta del Sol una camioneta blanca, como la que sale en Mr. Bean, que tenía puesto a Manu Chao y a Fermín Muguruza todo el rato. Pues todo ese comportamiento, que es muy común en las Universidades españolas y de todos los países capitalistas democráticos, era el que describía Bueno en el primer libro que me leí de él, “El mito de la izquierda”. Bueno afirma en el libro que la izquierda, en sentido único, no existe, que eso es un mito oscuro y confuso. Que existen las izquierdas, en plural, que se enfrentan entre sí incluso a muerte. Las características que dichas izquierdas tienen en común, al menos las definidas, son dos.

Una genérica, el raciouniversalismo, esto es, que sus proyectos políticos son para todos los seres humanos sin distinción de sexo, raza, edad u origen, etc., y que son proyectos basados en la Razón, en el racionalismo más científico que ilustrado, y no en universalismos religiosos. Por eso, las izquierdas no pueden ser particularistas, lo que excluye de las izquierdas al fascismo, al nacionalsocialismo, al nacionalsindicalismo y también a la “izquierda abertzale”, porque sus proyectos son particularistas. La otra característica es específica, y Bueno la llamó holización, inspirado en la química. La holización es la realización específica, práctica, de la teoría raciouniversalista de las izquierdas, y donde se ve esa conexión con las ciencias categorialmente cerradas. Es un proceso por el cual las partes anatómicas de una sociedad (los estamentos o clases sociales), son reconfigurados, o “destruidos”, para disolverlos en sus partes átomas, los sujetos que conforman esa sociedad, construyendo sobre las bases de la antigua sociedad una nueva. Esta holización es distinta en cada una de las seis generaciones históricas de izquierdas políticamente definidas, que se definen porque respecto del Estado, la unidad fundamental de toda acción política con implicación dialéctica potencialmente universal, tienen un proyecto holizador concreto, definido.

Así, Bueno define seis generaciones de izquierdas definidas: la jacobina (que holiza el Antiguo Régimen francés, destruye los estamentos, y funda la nación política, que se expande vía napoleónica, código civil y Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano), la liberal (que surge durante el Primer Periodo Revolucionario español, la Guerra de Independencia de 1808-1814, que respecto de la nación es izquierda -una nación Imperial, intercontinental, “de ambos hemisferios”, como pone en el artículo 1 de la Constitución de Cádiz, pero respecto al altar es derecha porque afirma la constitucionalidad del catolicismo como religión oficial, verdadera y única), la anarquista (que busca destruir el Estado para instaurar el comunismo libertario, horizontal y autogestionado, cosa que intenta hacer a través de sindicatos como la CNT), la socialdemocracia (que trata de avanzar al socialismo ganando elecciones a la burguesía en parlamentos liberales, y acaba abandonando el marxismo por el Estado de bienestar), la comunista (que pretende destruir el Estado burgués, instaurar el Estado proletario -la dictadura del proletariado- y extinguir progresivamente éste para llegar al comunismo) y la asiática (o maoísta, que sigue una línea similar a la comunista, pero dando mayor peso al campesinado, más pluripartidista, y partiendo de una nación, China, que no pretende una expansión centrífuga sino un acercamiento del resto de sociedades a ella, centrípeta).

Bueno, también, distingue las izquierdas definidas de las indefinidas, siendo estas aquellas que no se rigen por un proyecto respecto del Estado, sino por cuestiones éticas, morales, estéticas o artísticas. Habría tres modalidades de izquierda indefinida: la extravagante (ONGs, movimientos sociales, ecologismo, feminismo, teología de la liberación -que, por su carácter religioso, también es derecha extravagante-), la divagante (intelectuales y artistas) y la fundamentalista (mezcla de las dos anteriores, que es lo que es Podemos, Izquierda Unida, etc.). La izquierda indefinida es la izquierda dominante en España y en todo el mundo capitalista, porque es inofensiva para el capital. La prueba del algodón es que el líder de la izquierda fundamentalista, Pablo Iglesias Turrión, ha acabado hipotecando su vida política y su partido a un casoplón en Galapagar, con lo que se cierra el círculo biográfico que conocí en Somosaguas, aunque todavía a esta izquierda, que es el izquierdismo infantil que denunció Lenin, le quedan unos cuantos años para dar por saco.

Para terminar con este primer bloque sobre la etapa universitaria, el cual casi podríamos enmarcar en la UCM, quería preguntarte sobre el resto de “marxistas de la academia. ¿qué lugar ocupan Sacristán, Domenech o Fernández Liria en la filosofía emancipadora en español?”

Bueno, de Domenech conozco muy poco, por lo que me abstendré de opinar sobre él. De Liria he de decir que su libro sobre materialismo no está mal, y que me parece buena persona, y siempre que me he encontrado con él hemos tenido un trato bastante cordial. Es una persona con la que se puede debatir. Su proyecto de conexión entre Marx y Kant es una barbaridad. Marx fue una reacción contra la Ilustración, la criticó siempre. Y además, en “La sagrada familia” y en “La ideología alemana” rompe con el idealismo alemán, con toda pretensión de aprehender la Realidad desde una idea de absoluto, ya sea la de Kant, la de Hegel, la de Schelling o la de Fichte. En Marx no hay un absoluto. Hay una pluralidad ontológica real en la que se conjuga lo físico-corpóreo, la materialidad del Mundo con la que se construyen mercancías y que estudia la Economía Política; lo psicológico, como afirmó en la 2ª Tesis sobre Feuerbach, criticando el corporeísmo del materialismo de Feuerbach y otros, y su nula toma en consideración de lo subjetivo o subjetual; y lo lógico-abstracto, dimensión en que se conforman las categorías económicas, como el valor y el plusvalor.

Curiosamente, estas dimensiones coinciden con los tres géneros de materialidad de Bueno que presentó en “Ensayos materialistas”. El Ego Trascendental, lejos de ser un mero cartógrafo de mapas filosóficos como Bueno acabó asegurando, es el sujeto de la praxis de Marx, un demiurgo que conecta el Universo con el Ser Material Trascendental (la materia ontológico-general en Bueno), cuya praxis política solo le puede llevar a la realización de la filosofía en el socialismo y el comunismo. Para ello, debe tomar el poder, instaurar la dictadura del proletariado y construir una sociedad en la que ya sea imposible volver a estadios anteriores al socialismo. No hay teleología aquí, sino finalidad.

Ese proyecto es incompatible con Kant, que es el filósofo de la democracia universal, del mercado capitalista global, a través de la paz perpetua. Kant es el filósofo de las Naciones Unidas, de la Unión Europea. No así Marx. Aparte, si la realización de la filosofía conlleva el fin del capitalismo, la propuesta de Sacristán en “El lugar de la filosofía en los estudios superiores” solo la puedo calificar de antimarxista. Su guetización de la filosofía, fuera de la Academia formal universitaria, que acaba también asumiendo Bueno en “El porvenir de la filosofía en las sociedades democráticas del presente”, lleva a la imposibilidad de realización de la filosofía en sentido marxista, y menos aún a la implantación política de la filosofía en las sociedades de mercado pletórico capitalista.

Es imposible implantar dicha filosofía materialista en el capitalismo, porque solo puede implantarse realmente desde el poder del Estado. Al final, Sacristán y Bueno coinciden en esto, pues para aquel la filosofía marxista acaba ejercida como contrapoder, y ya está, lo que le coloca en la posición de la izquierda indefinida. Y para Bueno, su materialismo filosófico se implanta estromáticamente, es decir, por el mero ejercicio de dicha filosofía a través de instituciones antes privadas que públicas que puedan influir en la sociedad mientras reducen la Realidad a una cartografía. La filosofía de Marx entiende que la implantación política de la filosofía materialista solo puede hacerse desde el poder, y su realización solo puede ocurrir una vez extinguido el proletariado, que no es clase universal atributiva pues está distribuido en Estados, aunque haya momentos mixtos de conexión internacional por cuestiones geopolíticas, científicas y tecnológicas, también comerciales.

Esta es la razón de por qué, todavía, aún caída la Unión Soviética, Marx sigue vigente con todo su potencial: porque la realización de su filosofía no depende, solo de la Unión Soviética. Y creo que esta dependencia de lo soviético es lo que ha llevado tanto a la hegemonía actual de la izquierda indefinida, en la que han confluido los restos del naufragio de la URSS, como a la posición cartográfica del buenismo, ya que cada día la escuela se parece más a los cartógrafos que describió Jorge Luis Borges en “Del rigor en la ciencia”, que conforman un mapamundi de un Imperio a escala de una milla por milla, es decir, del mismo tamaño que el Imperio. El mapa se vuelve inútil, pues no sirve para moverse por el Imperio, y acaban sus restos habitados por animales y mendigos. En el fondo, esa es la posición filosófica tanto de Bueno como de Sacristán, si bien en Bueno, en su desarrollo de la idea de producción de Marx (que no es mera fabricación) hay un potencial político revolucionario apabullante.

 


La segunda parte de la entrevista aquí




Entrevista a Daniel Bernabé: sobre diversidad, neoliberalismo y clase

Daniel Bernabé es autor del libro “La trampa de la diversidad: Cómo el neoliberalismo fragmentó la identidad de la clase trabajadora”(Akal, 2018).

El libro se llama la trampa de la diversidad, pero también se podría llamar crítica a la posmodernidad. Creo que para empezar estaría muy bien definir lo que es la posmodernidad, o al menos lo que para ti significa.

Yo a la hora de plantear el libro, como no soy académico ni filósofo ni politólogo, a mi me importa menos realmente lo que se puede definir como posmodernidad -en el libro he tomado un par de definiciones de autores ingleses marxistas-; si no que lo que a mí me interesaba era ver como el neoliberalismo se había aprovechado de determinadas cuestiones que la posmodernidad, tanto como un espíritu de época como un movimiento intelectual, trajo a la izquierda.

No hablo de que haya una conspiración, aunque algún autor que cito así lo crea -hubo filósofos postmodernos tratados con especial cortesía por parte de la derecha-. Sí hablo de que cuando tú por una lógica histórica empiezas a cuestionarte todo lo que ha hecho la izquierda en el siglo XX -por una razón esencial, hubo unos conflictos muy graves- al final eso lo acabas convirtiendo en una especie de gran arrepentimiento que a la larga, más allá de lo que ellos dijeran en sus libros, que son muy largos y muy difíciles de leer, lo que se ha llegado a entender son cuestiones que al final han roto con ideas muy básicas: se ha creado el relativismo, la falta de universalidad. Al final, se han quedado ideas que le han hecho perder la universalidad a la izquierda, mientras la derecha la mantiene.

Eso es un poco lo que intento explicar en el libro. No voy a meterme en un debate académico que no me suscita especial interés.

 

Alguien dijo que la posmodernidad había acabado con el 11S y la invasión de Irak, y que ahora ya no era la época de la posmodernidad, sino vuelta a los orígenes. ¿Tú crees que la posmodernidad se ha acabado?

Ni idea, pero además es cierto que hay unos autores que ya se están caracterizando por decir que sí, que la posmodernidad se ha acabado. A mí eso me interesa relativamente menos, en comparación a ver que de las grandes ideas que hay en el siglo XX -clase, religión y nación- dos de ellas están volviendo. Ha habido como una especie de reacción a este espíritu de los años 90, neoliberal, donde “todo el mundo era ciudadano del mundo” y este tipo de cosas;

Lo nacional ha vuelto -ahí está Europa, con sus movimientos reaccionarios- y lo religioso igual -más en el mundo árabe-.

Es curioso porque yo en el libro cuando hablo de la caída de las Torres Gemelas digo: la historia se cobra su venganza. Está relacionado a su vez con la demolición del Pruitt-Igoe -urbanización de cariz funcionalista-, porque lo que te está diciendo es que al final ya no es que retrocedamos a la época moderna, sino a unos tiempos premodernos. De pronto, hay unos tipos que son casi fanáticos religiosos que atentan contra el símbolo del capitalismo global. Esto es algo literariamente fascinante. Y muy jodido por otra parte.

 

Alberto Garzón hablaba de que en todo tu libro hay una mitificación del siglo XX y el papel de la clase trabajadora en éste. Es muy significativa la última frase del libro: Le fond de l’air est rouge.

Es una película de Chris Macker, un documental donde él se pregunta porqué hay algo que está ahí pero no acaba de sustentarse, de bajar a la Tierra. ¿Por qué? Porque esta película es del final de los 70 y ellos todavía están preguntándose que ha pasado con el Mayo del 68, después de diez años. Pero no sólo con el 68, sino con todos los movimientos revolucionarios a nivel global. Es algo así como una nueva visión general del mundo. A mí lo que me da la sensación es que más allá de que yo en el libro puede parecer que yo soy más o menos epifánico con lo que había antes, creo que el libro lo que pretende es enseñar a mucha gente, y hacer recordar a otra, que el mundo y la política no fueron como es ahora. Hubo un pasado relativamente cercano donde las cosas eran muy diferentes. Y más allá de lo que pensemos -si son buenos o malos-, yo evidentemente soy de los que digo que no se puede volver a un sitio donde ya has estado, porque el contexto ha cambiado. Entonces no pretendo decir “es tan fácil como girar y dar la vuelta y volver a donde estábamos”; no, porque no se puede, porque el contexto ha cambiado.

Ahora, no se nos debería olvidar que hace muy poquito tiempo las cosas eran muy diferentes, y cuando Garzón responde que la afiliación sindical en aquellos años no era tan alta, etc. No no, vamos a ver, simplemente hay que recordar en Europa la capacidad que tenían los trabajadores de influir en la economía directamente; no sólo votando sus gobiernos, sino haciendo huelgas. Y eso ahora no existe.

Yo no sé, evidentemente que ha habido cuestiones materiales de ruptura del trabajo, pero eso ocurría. Y eso es algo que hay gente que no sabe: la gente más joven no es consciente de que el mundo no siempre ha sido así. A mí me preocupa muchísimo este presente continuo que vivimos, que parece que nunca ha ocurrido nada, que siempre ha sido así y que nunca va a ocurrir nada; que siempre será como es.

 

El fin de la historia, ¿no? Sobre el cambio de contexto: si estamos hablando de que el proletariado únicamente viene al mundo a sobrevivir y reproducirse, como es posible que se pueda crear una clase media aspiracional, de consumo… ¿Se arrastra desde el Estado del Bienestar? Da la sensación de que la clase obrera ya no existe.

A ver, en los 60 Goddard mismamente en varias de sus películas hace un gran hincapié en el hecho de que la publicidad está destruyendo los intereses de clase, por ejemplo. Esa no es una preocupación nueva. Yo creo que sí hay un cambio y yo en el libro lo digo en una frase: ¿por supuesto que hubo cambios en el sistema productivo, pero este no es el libro que deba tratarlo, porque hay otros, ¿de acuerdo?

Yo no digo que la clase sea una cuestión solamente de identidad, pero sí digo que las clases se expresan mediante identidades. Lo que sí digo es que evidentemente, por una serie de procesos que nos impiden saber quién somos -porque antes era mucho más fácil, cuando trabajabas en una factoría con otros tres mil individuos igual que tú y vivías en el mismo barrio con las mismas casas, etc. Era mucho más fácil saber quién somos. Sí ha habido una lucha cultural por crear una identidad ajena a nuestra vida que es una identidad triunfante y que está ahí. Es decir, a mi me parece que decir que no vivimos en una sociedad individualista es faltar un poco a la experiencia cotidiana que todos tenemos, y al final por otro lado ahí tenemos el problema de que nos parecemos cada vez más, pero en nuestras aspiraciones para llegar a algún puto.

Por sintetizarte el asunto, yo en el libro no afirmo en ningún momento que las clases sociales son sólo identidades y que se pueden cambiar a voluntad, cuando las cosas en el ámbito laboral por ejemplo no han cambiado, yo sí digo que eso tiene unos correlatos culturales. Que es lo que parece que no se quiere ver. Al final tiene mucha más importancia la última camparía publicitaria de H&M que las consignas que pueda lanzar un partido político y eso es por algo, ¿no? No queremos vivir de espaldas al mundo en el que vivimos.

 

Hablas de una individualidad, de una pérdida de la conciencia de clase… ¿En que momento esa individualidad se transforma en acción colectiva? Pones el ejemplo de un chico en EEUU que hace un evento de “gritar desesperadamente al cielo” contra Trump y arrastra a cien personas. Son pocas, menos de las esperadas, ¿pero eso no es ya acción colectiva?

Lo esencial es entender que nuestra relación con la política ha cambiado en los últimos 40 años. ¿En qué sentido? En que nos relacionamos con la política cada vez más de acuerdo a lo que nos puede dar como individuos. No es una forma de articularnos en nuestra sociedad más inmediata. Por supuesto que esa articulación ocurre, digo que se tiende a ahí cada vez más. La cuestión es que como nuestra identidad acaba siendo cada vez más homogénea, paradójicamente al final todos vamos al Zara Home, vamos a ver las mismas películas, vestimos de una forma muy parecida…

Eso hace que tengamos una gran angustia por diferenciarnos del de al lado. Y eso hace que en el momento en que nuestras identidades, cada vez más específicas y cada vez más atomizadas, entran a competir en un mercado. Esto a la hora de la acción política es lo que cambia realmente. Es decir, la parte del libro que más se queda la gente es como las grandes marcas se pueden apropiar de las luchas, pero lo que realmente yo creo que es esencial es entender que al final, y de ahí viene la diferencia, cuando esa gente va a gritar contra Trump, que es sólo algo simbólico e inútil, lo que están haciendo es diferenciarse voluntariamente de los que tienen al lado porque necesitan ser alguien. De hecho, son muy parecidos a los que llevan la gorra MAGA (Make America Great Again). No están coordinándose con otra gente con un programa político, en un partido para lograr una serie de objetivos: es simplemente una forma de auto-satisfacerse mediante algo que se parece a la política, como un doppleganger. Por eso al final estamos reduciendo lo político a meramente acciones simbólicas. Al final, es muy difícil que una marca de ropa quiera una subida del SMI, y eso es porque los elementos que más se reproducen en nuestra actividad son aquellos que se limitan meramente a cuestiones de identidad, pero no a cuestiones de Estado.

Las mujeres por ejemplo son feministas por algo, entre otras cosas porque tienen una serie de desventajas sistémicas enormes, pero esas desventajas están relacionadas con un sistema económico; no están flotando en el aire. Y eso es lo que yo creo que muy pocas mujeres entienden, pero porque la articulación política es así. No tienen una serie de problemas porque hay unos señores que son muy malos, porque al final es lo que parece, sino porque hay un sistema económico que necesita a las mujeres en un puesto secundario de la sociedad, en determinadas ocasiones, para poder explotar sus trabajos de cuidado, reproductivos e incluso asalariados pagándoles menos.

Ahora, eso no significa que si lo único de lo que se habla es de cuestiones simbólicas, sea muy fácil de apropiarse la lucha, porque al final tu puedes poner a Ana Patricia Botín o a las Ministras y decir “ya soy feminista”. El feminismo tenía un objetivo, y ese objetivo era claro, y siempre iba relacionado con la mejora de la vida cotidiana de las mujeres por su relación con el mercado de trabajo, etc.

 

El nosotros parte de una construcción de lo común, que se aplica a la vida cotidiana, mientras lo individual se queda en lo simbólico. ¿Es eso?

Lo individual es una forma de diferenciar tu identidad. De utilizar algo parecido a la política -que yo no creo que sea política- para que tu identidad quede por encima de algo y superes esa angustia.

 

La huelga del 8M supone una construcción de lo común, ¿tú crees que la izquierda ha sido capaz de monopolizarla, o la derecha ha sacado tajada?

Yo no hablo en el libro de feminismo; no se me ocurriría después de que las mujeres hayan preparado en 8M ir yo y decir no, está mal hecha. Yo no voy por ahí. Lo que digo es que como tenemos una presión política organizada, ideológica, veo que también le afectan con especial interés toda esta trampa de la diversidad. Cojo el feminismo como ejemplo porque es lo más candente, si hubiera algo masivo en los clubs de esgrima o de ajedrez, hablaría de ello, no tengo mayor interés en el asunto en sí mismo.

Por otra parte, se me dice que señalo “nunca hay nada colectivo, ¡mira la huelga feminista!”, lo que sí digo es que la tendencia es hacia el otro lado. ¿En qué sentido? Yo me alegré mucho cuando las feministas no convocaron una manifestación, sino una huelga. Ya estás hablando de un sistema laboral y un sistema económico. Creo, no por demérito de las feministas, sino por la aplastante superioridad del sistema de medios, que la mayoría de las mujeres no llegaron a entender el porqué de una huelga. Es decir, no es “hacer huelga por joder, por llamar la atención”; no entendían que su problema como mujer está íntimamente relacionado con su posición en el sistema productivo. Yo por otra parte he oído una barbaridad y es que las mujeres son una clase social en sí misma, y eso no es así. No es verdad. Lo que hay es una clase trabajadora, la cual está compuesta en su mitad por mujeres, y esas mujeres tienen una relación especial con la clase la cual no tenemos los hombres. Pero eso no significa que sean una clase social en sí misma.

Si no al final tenemos que está señora que está aquí sentada (@_espatricia) tiene más que ver con Ana Patricia Botín que conmigo, y ella claro que tiene problemas específicos que yo no tengo, pero por otro lado ella y yo tenemos una cuestión en común que nos pone enfrente de Ana Patricia Botón, ¿no? Entonces eso es algo que yo creo que convendría insistir en ello. No porque las feministas sean tontas, todo lo contrario, pero lo que también es cierto es que, así como la manifestación salió muy bien, la huelga sale muy mediocre. No pasa nada, es la primera que se hace de estas características, es lógico: de hecho, en la mayoría de las huelgas generales pasa lo mismo. La huelga cada vez es más floja, mientras la manifestación todavía tiene potencia. Eso es por la movida laboral, porque cada vez es más difícil hacer huelga, por supuesto.

Pero también es porque se ha perdido la idea de lo que es una huelga. Una huelga no es simplemente protestar, una huelga es un acto de toma de conciencia política a través de paralizar el sistema productivo porque tu puedes hacerlo como clase social. Y eso no es una protesta simplemente, igual que una manifestación es también un acto simbólico de reivindicación de demandas, de expresión del descontento. En una especie de juego raro, hemos fetichizado la manifestación y es lo único que sabemos hacer. Por eso ha habido manifestaciones gigantescas en España, pero ninguna de ellas ha conseguido prácticamente ningún objetivo, porque llegábamos al final del recorrido y decíamos ¿ahora qué? ¿ahora qué hacemos? Hemos perdido la unión entre el problema y su manifestación y su resolución.

 

Lo que hay que hacer es articular las luchas conjuntamente, entiendo. Por ejemplo, con el cine puedes crear conciencia -como Willy Toledo en ARV, Leticia Dolera-, y visibilizar problemas, marcar pautas. Si nosotros mismos no somos capaces de decir lo que nos molesta, si no identificamos las trampas del sistema, tenemos un problema. Nos atomizamos, y nos peleamos entre nosotros: veganos, feministas, racializadas… es una competición mientras Amancio Ortega nos explota a todos por igual. En mayo del 68 decían: la burguesía tiene el placer de explotarnos a todos por igual; y no nos damos cuenta. Hay que buscar espacios comunes, construir zonas de encuentro en vez de diferenciarnos cada vez más.

La cuestión es que en términos reales no es verdad. En términos reales nos parecemos todos mucho y cada vez nos parecemos más. El hecho de que pensemos lo contrario de lo que está hablando es de nuestros anhelos y miedos más que de una realidad. Nunca nos hemos parecido tanto como nos parecemos ahora, por una razón:

Antes de la TV, sí que había grandes diferencias culturales entre un pueblo y otro a 50 Km, porque las formas de relacionarse y trasladar información, lenguajes, modas eran mucho más lentas. Pero ahora, tú te vas a una ciudad recóndita como Tokyo y prácticamente a parte de sus idiosincrasias culturales, vas a ver lo mismo que ves aquí en el centro de Barcelona. Eso también nos quiere decir algo, que es que nos parecemos todos muchísimo. En un momento en que nos parecemos todos tanto, el hecho de que permanentemente el activismo esté buscando una exageración de la diferencia me parece que explica bien la idea que tiene el libro, que es: al final nos hemos puesto a competir entre nosotros. Y creo que va por el camino correcto.

Es verdad que, por ejemplo, con el tema del activismo siempre se requiere de figuras carismáticas que lleven los mensajes donde corresponde, pero ojo porque EEUU ya es así. Hay una serie de activistas profesionalizados que se dedican a X, y además son una especie de personal branding, construyendo empresas en torno a ello…

Al final la política no consiste en: yo me siento a ver ARV, o La Sexta Noche, y en twitter, como si fuera un partido de fútbol, celebro los goles de mi tertuliano preferido. La política es otra cosa. Sin embargo, al final lo que se ha creado es esa sensación, de que de una u otra forma participas y haces algo cuando ves en la tele y tomas partido por. Y no, eso es otra cosa. Hacer política es gente que se organiza para actuar incluso en pequeñas cosas de barrio, eso ya es más política que lo dicho.

 

Recuperando la acción colectiva y el nosotros frente a la individualidad, entiendo que el 15M sí que construye un nosotros. Otra cosa es la articulación política. En el libro da la sensación de que diferencias la cuestión de clase y la gente que se moviliza en torno a ésta de la izquierda estilo Podemos: dices que tiene que recoger mucho cable ideológico para llegar al poder, suavizando el mensaje.

Creo que el grito paradigmático “No nos representan” lo explica muy bien. Quiere decir que “yo” soy un ciudadano que voto cada cuatro años y que elijo a unos representantes. Y resulta que ahora protesto porque esa gente que ha estado representando no creo que sea la que esté llevando mis intereses adelante. Es decir, el 15M en el fondo es una lucha de representación.

Evidentemente luego, por su propio proceso, va hablando también de cuestiones de la vida laboral, mejor dicho, vecinal. Hay un tema que está absolutamente ajeno en el 15M, que es el tema laboral, más allá del asunto de “a mí me han engañado”, “a mí”. Estudié, tenía una carrera, un futuro, y ese futuro se me ha truncado y me tengo que ir al extranjero. Pero no existían ningún tipo de reivindicaciones laborales: no se hablaba de sueldos, etc. Y eso es muy interesante. Es decir, por supuesto que las cosas suceden por algo: esto sucedió porque en este momento el descontento se desborda y se crea una cuestión ahí que nadie anticipa, y cada uno intenta llevarla como mejor puede. Es una articulación colectiva, por supuesto, pero también es cierto que como articulación colectiva no va hacia dónde ha ido clásicamente el asunto de la lucha política de izquierdas, sino que va hacia una cuestión de representación. Por eso al final todo se soluciona buscando buenos representantes. Y una Carmena y una Colau son muy buenas representantes, pero las cosas no se solucionan así. Al final, tú tienes una serie de problemas que están al margen de eso.

Creo que hay que diferenciar entre 15M y Podemos, Comuns, Ganemos… Creo que ganó la hegemonía, y permitió vivir las calles y las plazas; esa parte existe, como un eco de Mayo del 68. Sin embargo, creo que al final el relato que se ha hecho del 15M es el lamento de la clase media. Nos han ganado: ha ganado la visión representativa, que a su vez crea desencanto.

Yo creo que eso es lo mayoritario. Veníamos de una etapa de los quince años anteriores donde precisamente todas estas ideas se habían venido olvidando. No se trata de machacar a la gente o decir “no lo habéis hecho bien”, simplemente hay un proceso y sale como sale. Ahora, yo lo que digo es que una vez que ha ocurrido, lo que tu no puedes hacer es convertirlo en un fetiche, diciendo que todo era una cuestión positiva y buena, porque hay una cantidad de contradicciones enorme.

Lo interesante del asunto no es verlo ahora, sino que las siguientes conclusiones que se van sacando van en esa misma línea. Da la sensación de que al final hay cuestiones que casi son “poco cool” hablar de ellas: que a ciertos tipos los hayan echado del trabajo en una fábrica o PYME, por ejemplo, es una cosa que casi ni se puede decir.

 

Finalmente: ¿sobrepasar la trampa de la diversidad pasa por un proyecto de la izquierda que sepa atraer e incluir la diversidad sin la necesidad de estar continuamente señalando la diversidad de cara a la galería? ¿Dónde encaja la izquierda y la diversidad?

Yo creo que la diversidad se defiende con hechos. Tú no vas a homogeneizar a la población por hablar de cierta manera. Si te fijas, nosotros caemos en la propia trampa de pensamiento: “No, claro, si solo hablas de clase vas a homogeneizar”. No, a ver, la gente va a seguir teniendo sus especificidades. Eso no implica que haya algo que los atraviese a todos, que está por encima de sus identidades; por encima en el sentido de que nos afectan comúnmente a todos: si mañana hacen una ley fiscal regresiva, al final va a afectar a una persona homosexual, a una persona trans… nuestras especificidades no van a entrar ahí.

Ni siquiera tenemos que plantearlo como una pelea entre una cosa y otra, sino al contrario, es algo existente y que se cruza permanentemente en las personas. Ahora, yo creo que la forma de defender las políticas de representación son siempre unirlas a las cuestiones económicas. Al final, tú puedes tener un lío tremendo con la Cabalgata aquella que hicieron en Madrid, que es un hecho absolutamente intranscendente, o puedes decir: ahora vamos a coger y a exigir un presupuesto, unos profesores, para que vayan por los institutos de la región a dar una serie de talleres en contra de la homofobia, por ejemplo.

Cuando tú tocas el tema de dinero, de gastarse pasta, ya les gusta menos la diversidad, tanto los socioliberales como a la derecha. De repente te encuentras con que claro, la diversidad está muy bien cuando consiste en colgar una pancartita o echarte una foto, pero a la hora de poner dinero y hacer elementos muy concretos, ya les empieza a gustar menos. Entonces lo que en realidad no sería relegar las políticas de representación a un segundo plano, que no tiene porque ser así -máxime en un momento en que en España tenemos problemas graves de homofobia, violencia de género, etc.-, sino articularlo siempre “en relación a”. En relación a la situación socioeconómica de las mujeres maltratadas, por ejemplo: las más pobres no pueden a lo mejor irse de casa con sus hijos porque no tienen un sitio al que irse.

Lo interesante yo creo que es quedarse con esta idea: hay que intentar volver, poniendo en primer plano, a aquéllas cuestiones que nos afectan a todos y en segundo lugar, cuando haya conflictos que afecten a la diversidad, enfocarlos hacia el punto donde ellos no se lo puedan apropiar.

 

Por @CdProcer y @_espatricia




Entrevista a Alfons Aragoneses: sobre dictadura y memoria histórica

“La memoria histórica es algo constitutivo y constituyente de las realidades sociales. Si se quiere construir un nuevo patriotismo español, el nuevo Gobierno se tiene que pronunciar de manera diferente sobre el pasado franquista.”

 

Alfons Aragoneses es profesor de historia del Derecho en la universidad catalana Pompeu Fabra, con varios libros y artículos publicados entorno al fenómeno político franquista y su repercusión actual. Nos sentamos con él en un bar, y empezamos a hablar sobre el pasado, presente y futuro de las implicaciones del régimen del General Franco y su legado, todavía muy palpable en la arena política de hoy en día.

¿Cómo la llegada al poder del nacional-catolicismo erosiona la República y las resistencias civiles que podrían haberse dado? ¿Cómo se consigue llevar a cabo, en vistas a construir una hegemonía propia?

Has hablado de erosión, pero yo hablaría más bien de destrucción. Hay una destrucción violenta, porque la República no es un invento de cuatro intelectuales, es una realidad que llega a todos los pueblos, fábricas, etc. La prueba de ello es como se normaliza el divorcio, el matrimonio civil y cómo se da una gran pérdida de poder de la Iglesia católica en poquísimos años. Ante esa situación, la única posibilidad de los sublevados es usar la violencia física y la destrucción física del enemigo, sea asesinándolo, mandándolo a prisión o al campo de concentración o al exilio.

Yo diría que en los primeros años del Franquismo se da una represión todavía más cruenta que sus contrapartes alemanas e italianas. Ya sabemos que en los primeros años del Tercer Reich hay violencia, asesinatos, pero la dimensión de la violencia de los primeros años del franquismo -1936 en muchas partes de España- es abrumadora. En muchas partes de España no hay guerra como tal, pero hay un elevado número de asesinatos a manos de los sublevados; es el caso de León.

Se da también una destrucción de cualquier proyecto liberal, socialista o catalanista que pudiera haber. La represión toca de manera muy especial a los maestros. ¿Por qué? Porque ellos son los que están transmitiendo un conocimiento, un proyecto político republicano. Las cátedras universitarias se vacían, hay una purga, depuración tremenda en toda la Administración, que acompaña a la violencia. Se elimina al enemigo interior, pero también aquellos que podrían transmitir otro ideal.

 

A nivel legal, ¿lo que se crea en Burgos en 1936 genera otro Estado? ¿Hay una dualidad de poderes que acaba con la imposición del Franquismo?

Es cierto en parte: por ejemplo, el Código Penal de la República se mantiene pero se pervierte, se transforma de manera que se aplican los delitos de sedición y rebelión no a los rebeldes pero a los que se resisten contra los rebeldes.

Pero el BOE no deja de publicarse ningún día desde Pamplona, Navarra, que era una provincia fiel a la República, mientras en Burgos crean nueva legislación y aplican con otra interpretación leyes republicanas. Por lo que sí, se da una especie de dos Estados. El nuevo Estado franquista, antes de que acabe la guerra, ya ha derogado leyes muy importantes de la República, y ha reformado dos instituciones centrales: el Registro de la Propiedad y el Registro Civil. ¿Por qué? Porque la propiedad privada se pone en un altar y se ha de proteger en el nuevo régimen. Estos cambios ocurren alrededor del 37-38, y muestran el funcionamiento simultáneo de esos dos Estados.

¿Y en cuanto a la legislación militar y la represión de los tribunales militares?

Es su característica más prominente, pero no olvidemos que la jurisdicción ordinaria se convierte también en una maquinaria represiva muy fuerte. Hay un uso arbitrario del poder punitivo, y existe también una retroactividad de las leyes penales, lo cuál es una aberración.

Retroactividad: la retroactividad es la aplicación de nuevas normas a actos jurídicos, hechos pasados o previos a la ley. Uno de los principios de las democracias asentadas es que sin ley que castigue, conocida por el ciudadano, no puede haber castigo. La represión de republicanos por el hecho de serlo/actuar a su favor cuando no se castigaba tal hecho mientras llevaban a cabo esa conducta supone una retroactividad de las leyes penales.

Hay incluso órdenes administrativas de la época sobre la cosecha con artículos que señalan que quien boicotee la cosecha puede llegar a ser procesado por el delito de rebelión, que está castigado por la pena de muerte (reinstaurada en el 37). Hay una apariencia de normalidad jurídica, pero existen estas situaciones.

¿Y cómo se justifican esas acciones y ese poder? ¿Cómo se articula el discurso?

Son discursos que en parte se crean en esa época, pero lo que hacen los dirigentes franquistas es recuperar los discursos de la Restauración, aparcados durante la República. Se les da un barniz totalitario, falangista, pero en el fondo son los mismos discursos de unos años atrás, adaptados a los nuevos tiempos. En el ámbito universitario se ponen profesores de segunda, tercera fila, que ocupan las cátedras de los profesores de primer nivel expulsados de las universidades, muchas veces de forma violenta.

En el primer Franquismo, como decía Azaña, hay mucho discurso falangista, filonazi, pero también hay una restauración de la Restauración (Sebastián Martín); no se crea de la nada, sino que parte de una trayectoria de pensamiento autoritario español que viene del siglo XIX.

 

¿Qué se puede decir de la legislación Franquista en cuanto al Derecho de reunión, manifestación, expresión y otros? En definitiva, sobre legislación de mantenimiento del poder.

Es una legislación que se crea a medida que lo requiere el poder ejecutivo. Primeramente, hay la Ley de responsabilidades políticas (1939), y posteriormente una Ley sobre represión de la masonería y del comunismo (1940).

Luego se detecta que la resistencia está en el campo, en forma de guerrillas, y se aprueba la Ley de fugas, la Ley de lucha contra el terrorismo etc. El ordenamiento Penal pasa de ser garantista, que es el modelo republicano, a ser un instrumento verdaderamente represivo. No sólo ocurre esto en la jurisdicción militar, sino también en la jurisdicción ordinaria; es por eso por lo que soy muy crítico con esta división que se suele hacer.

 

¿Qué hay de las ejecuciones públicas, de las ejecuciones sumarias? Estoy pensando en el caso de Julián Grimau, y cómo se hace al pueblo partícipe de ese castigo, se le obliga a observar, casi como en el patíbulo feudal, el poder del señor.

Hay un proyecto muy exitoso de renacionalización, y esas acciones se articulan primero en una redefinición de la nación. Eso se consigue eliminando aquellos elementos que se consideran ajenos a la nación -como en el régimen nazi-; básicamente hay una limpieza de la nación.

Funciona la exclusión del otro, del diferente, en definitiva de la “Anti-España”, y es muy efectivo. Se supera la concepción nacional de los revolucionarios franceses, que había influido en la política española y su concepto de nación hasta los años 30. Esta visión consideraba que la nación era la reunión de todos los ciudadanos; a partir del Franquismo se considera que la nación es los ciudadanos que tienen una religión determinada, ideología política concreta… Se le añaden adjetivos a la nación.

Es curioso el caso de los judíos, los africanos, que estaban en el centro del debate nacional en los años 30. El Franquismo exige, cuando llega al poder, una determinada fe y una determinada forma de pensar y actuar políticamente. Se considera que la nación es católica, por naturaleza, y esto se ve en la legislación: el divorcio es una afrenta no ya a la moral católica, sino a los sentimientos patrióticos, a España.

El discurso es que hay una tradición española que la República ha venido a romper, y el Franquismo ha de recuperar. Se construye así un triángulo Estado, Nación, Religión difícil de romper.

Sin embargo, yo creo que es muy importante no sólo hablar de los años 40 sino de los 60, porque todo esto que estamos describiendo es una cosa que no pasaría ningún filtro democrático o liberal pero pasa el filtro de la Transición. ¿Por qué? porque se ha modernizado en los años 60. Es fundamental -a mí no me gusta hablar de dictadura y dictablanda-, es fundamental la modernización que llevaron a cargo Fraga Iribarne y otros, reescribiendo ese viejo discurso que permite que el discurso nacional-católico -que identifica ser español a ser “buen español”- se acepte acríticamente en los años 80 o 90.

 

¿Cómo evoluciona esa represión a partir del 60? Da la sensación de que se relaja.

Esa represión ya no es necesaria, porque la oposición ya está en el exilio, en las cunetas, en las prisiones, y por lo tanto ya se había conseguido el objetivo de control. Eso junto a algo que se suele olvidar como es el relevo generacional hace que no sea necesario construir más campos de concentración, hacer que los presos rediman penas por trabajo…

Además, las relaciones internacionales han cambiado, también la sociedad, se ha dado una industrialización en Madrid y en otras zonas; hay una adaptación, pero es la misma idea de siempre: Caudillaje, religión…

 

¿Y Cómo el juego de fuerzas políticas en la Transición permite la supervivencia de este discurso?

Yo la verdad es que cada vez soy menos crítico con la Transición. La Transición fue violenta, hubo miedo; el Franquismo controlaba las fuerzas de seguridad, la judicatura, en definitiva, todos los resortes del poder. Por tanto, yo no sé si se podían hacer más cosas.

Yo soy muy crítico con la democracia a partir de 1982, porque no articuló un discurso sobre el Franquismo alternativo al propio nacional-católico del Franquismo, no hace ni una sola purga en la Administración Pública -por ejemplo, la confirmación en sus puestos de muchos dirigentes policiales significados por el uso de la tortura-, y eso ocurre en el 82. Con el miedo durante la Transición, ciertas reclamaciones se fueron atrasando, pero es en el 82 cuando desaparecen.

Eso es lo que permite no sólo que sobrevivan normas jurídicas sino también determinados comportamientos, tanto en la policía como en los agentes jurídicos. Cuando un juez absuelve a agresores sexuales porque la mujer se ha vestido de determinada manera, no puedo evitar pensar en la doctrina al respecto del Tribunal Supremo en los años 40 y 50, que es terrible. ¿Por qué? Porque se han dado unas circunstancias que han permitido que comportamientos, ideas, modelos de este tipo se reproduzcan en democracia.

 

Pasolini habla de la pulsión entre el Palacio -poder- y la Plaza -pueblo-. ¿Se puede considerar que el PCE decide acceder al Palacio, abandona la plaza y ahí empieza a pactar?

Sí, lo comparto, pero yo no sé si el PCE-PSUC decían de aceptar esto y luego cuando haya elecciones ya presentar batalla, y luego vistas las circunstancias decidieron no dar la batalla, entre otras cosas por el golpe de estado de Tejero que yo creo que parcialmente tiene éxito.

Sólo hay que observar las leyes que se aprueban después: la LOAPA (Ley Orgánica de Armonización del Proceso Autonómico) que ponía unos límites muy importantes al desarrollo del Estado Autonómico -había que evitar que España se rompiese-, quizás el abandono de toda política de Justicia Transicional también está influida por eso, y no hay que olvidar que la violencia del Estado, grupos paramilitares, continúan operando después de 1981, quizás hasta con más apoyo por parte del Estado: hablo de los GAL.

 

Con los GAL casi es lo mismo, ¿no? El Franquismo se levanta contra la Anti-España, a nivel vasco el GAL representa a esos españoles de bien que luchan contra el separatismo. 

Sí, pero yo añadiría una cosa más: la cúpula militar seguía dirigida por los mismos que durante el Franquismo, y eran una amenaza; una amenaza para la democracia. Yo creo que para calmar los ánimos decidieron cazar a los que ellos no podían cazar.

 

Y en cuanto al contexto internacional de los grupos terroristas, Rafael Vera declaró en Salvados que Margaret Thatcher se señalaba como la asesina a sí misma cuando había ejecuciones extrajudiciales de miembros del IRA. 

Quizás la diferencia entre Italia, Francia, Inglaterra -que aún tienen que hacer mucha memoria de sus crímenes durante los 60 -pero al menos han hecho un enorme trabajo de memoria sobre lo que pasó en los años 30, 40 e incluso 50. En cambio, en España ahora estamos empezando a hacer tímidamente ese trabajo sobre lo que pasó esas décadas.

 

Volviendo a la cuestión del patriotismo, ¿esto acaba teniendo una trayectoria actualmente? Se recupera quizás en #EspañaCiudadana?

Sí, pero yo la veía antes quizás. Cuando Rajoy hablaba de los buenos españoles o los españoles de bien, no puedo evitar pensar que hay un trasfondo cultural que da miedo. Me recuerda a Carl Schmitt y los seguidores españoles de éste: la nación ha de ser homogénea, porque todo los que es clase social, ideología, etc. nos divide y hace que la nación no se pueda integrar.

No se qué han leído estos señores de Ciudadanos, pero no hace falta leer a Schmitt y compañía para recibir acríticamente y de manera inconsciente todo este discurso nacionalista que viene del pasado.

 

Finalmente, ahora que ha salido el PSOE, ¿qué pasará con el Valle de los Caídos? Me parece muy potente a nivel simbólico, pero no sé qué efectos prácticos puede tener.

La memoria histórica es algo constitutivo y constituyente de las realidades sociales. Si se quiere construir un nuevo patriotismo español alternativo al que han desarrollado PSOE y PP y que no funciona porque no integra, yo creo que el nuevo Gobierno se tiene que pronunciar de manera diferente sobre el pasado franquista y sobre Cataluña.

Lo de sacar a Franco del Valle de los Caídos es simbólico, pero es rompedor. Creo que para mucha gente será un antes y un después. El pueblo español se atreve a coger los restos del dictador y sacarlos de ese mausoleo. A veces son necesarios este tipo de gestos para cambiar el lenguaje, para acabar con estos discursos que no ya sólo naturalizan sino que últimamente incluso se hace apología clara del Franquismo.

Creo que la Justicia y el Derecho pueden tener efectos catárticos y Alemania tuvo una catarsis en los 60. Por contra, en España no ha habido ningún gesto del Legislador o del Ejecutivo que haya marcado un antes, una superación de un pasado; se ha naturalizado, se ha desprestigiado se ha menospreciado ese pasado. “Las batallitas del abuelo”, “Sólo buscáis cuando hay subvenciones”; no hay ningún gesto catártico para cambiar el lenguaje.

Manuela Carmena cuando llegó al Ayuntamiento de Madrid creó una Comisión para la Memoria Histórica, e intentó mantener un cierto equilibrio: gente de izquierdas, gente de derechas, gente de todas partes. No sé si algo que surgiera de un consenso tal pudiera tener un efecto catártico.

Un consenso entre las élites progres y conservadoras yo creo que se puede conseguir, está en manos del Gobierno actual y sus aliados. España es una democracia de consensos: cuando hay una cosa que sale del consenso creemos que es un ataque a la democracia. El tema de la unidad territorial y el pasado Franquista salen de es el consenso: cuando hay propuestas rompedoras, se consideran un ataque. El nuevo Gobierno ha de transformar esa democracia del consenso en una democracia diferente, sin llegar a romper la democracia en sí. Hay que romper el consenso, en definitiva, sobre lo que es la democracia.

 

¿Hasta que punto permiten esos gestos cambiar el presente?

Si ligas ese simbolismo a ese nuevo patriotismo del que estoy hablando, es posible que se pueda hacer. Cuando la Ley del matrimonio homosexual, los sectores más ultras llevaron a cabo una campaña brutal, con financiación por parte del PP para grupos contrarios a éste… Y al cabo de unos años yo creo que se ha convertido en un motivo de orgullo para el discurso nacional/nacionalista.

Al cabo de unos años, podría pasar con la memoria histórica lo que pasó con el matrimonio homosexual. Es verdad, pero que cuestionar este pasado hace que cuestiones también la Transición, que es un momento constituyente que explica el reparto de la renta, del poder económico y político en nuestro país.

La verdad es que ahora los investigadores, sociólogos, etc. están trabajando en torno a las emociones en las sociedades humanas -es el emotional turn-. Queramos o no, todos tenemos emociones y las leyes no son abstractas, el Estado no es abstracto, sino que es un ente con una posición ideológica y con una identidad nacional. Por tanto, eso no se puede obviar, hay que tenerlos en cuenta para canalizar las emociones que tenemos y construir algo a partir de ahí.




Entrevistamos a @libroscinecomic

“Creé la cuenta porque había algo dentro de mí que no paraba de decirme que leía poco y que desperdiciaba mi tiempo.”

Detrás de @libroscinecomic hay un tipo de carne y hueso; está Marc. Un tipo normal, pero con mucho que explicar: a diferencia de lo que pudiera parecer, no es una corporación que se dedica a difundir contenido por Twitter. Quedamos en Sants y desde entonces no dejamos de charlar. Hay que remarcar que la frase para romper el hielo fue muy buena: “Joder tío, esto parece una cita de Tinder”. Hablamos de cualquier cosa, compartimos opiniones. Desde el potencial revolucionario de la religión cuando hablamos de Damnation hasta de la bebida vegana de 3€ que nos colaron al equivocarnos de bar. Grabé casi una hora y media de charla de colegas totalmente aprovechables.

Resucitamos a Heidegger, un filosofo que conoce bien Marc, y acordamos en darle el título de creador absoluto de las ideas posmodernas y como eso repercutió en el Arte. No paró de recomendarnos cosas: libros, pelis o series, de cualquier tipo.

Os dejamos con unas cuantas preguntas:

  • ¿Porque te uniste a Twitter a través de este tipo de cuenta?

Básicamente por una neura personal de mis lecturas: había algo dentro de mí que no paraba de decirme que leía poco y que desperdiciaba mi tiempo. Fue una decisión individualista; no he venido a iluminar a las masas. Pero he descubierto algo muy bonito, que es la gente que te agradece tu labor de difusión. Sobre todo, cuando te comenta gente famosa, como el Nega, que se difunde tu trabajo. Hasta el punto en el que acabas teniendo miedo de lo que publicas: las faltas de ortografía. Tienes pesadillas de tweets con erratas. Siempre me ha gustado militar en distintos espacios y que me recomendasen lecturas, ir a la biblioteca y tener una relación con el bibliotecario, con gente mayor que tú – no en el sentido de idolatrarlos – pero sí de conocer experiencia acumulada de primera mano. Ahora hay chavales y chavalas que te agradecen tu labor y eso mola, de hecho, si no me voy es precisamente por eso, a veces sí que he pensado en chapar la cuenta y “fuera”.

 

  • ¿Crees que ha habido un cambio de patrón de consumo en el arte?

Hay mucho idealismo, sobre todo con la polémica que surgió en Cannes: “oiga, si usted no saber hacer buen cine es su problema, no de Netflix”. Yo he sido, por otra parte, de una generación que ha visto mucha telebasura; crecí con las series de los noventa, con series de mierda, insufribles: “Médico de familia”, “Farmacia de Guardia”. Y nos lo tragábamos. El nivel ha aumentado, y mucho, aunque quienes nos la ofrezca sea una empresa multinacional y capitalista. De hecho, el otro día descubrí que MTV repartía un premio que se llama “la mejor producción antisistema”. No existe el miedo a una ofensiva real y se permiten el lujo de crear Damnation o de ir de progres por Twitter. Lo que, sin embargo, es curioso, es que de las series que existen actualmente, la mayoría tienen por protagonista a profesiones liberales y poco de obreros manuales. Es como si te dijeran: “Ser un currela no mola, no te metas en un sindicato: o te haces abogado o eres Pablo Escobar”.

Existe un fetichismo entorno a la figura del mafioso. Hemos pasado de Robin Hood a Pablo Escobar y son polos opuestos, incluso de Curro Giménez, que cuidaba de la gente de su pueblo, era un tipo del estilo de Robin Hood. Ahora, con “Narcos”, parece que solo te tengas que preocupar de tu familia y de tratar a la gente de tu entorno de manera paternalista, como si fueras un superhéroe. Habría que investigarlo a fondo. Creo que el nivel artístico es bueno, no ha decrecido, pero ¡ojo!, también se pueden usar el consumo de series como narcótico social. Me da más miedo Twitter que Netflix, porque se idealiza en exceso y también porque sirve, para mucha gente, como pozo de los lamentos: voy escupo, saco mi rabia y me voy. Aunque podríamos decir que es dialéctico, ya que la huelga feminista no se entiende sin la difusión a través de las redes sociales. Pero porque no había lloriqueo, era ilusionante y muy político.

De hecho, hay que recordar que las novelas de Tolstoi o Dickens se vendían por fascículos, con cliffhanger incluso. Todo lo pasado no es mejor, fijaos en la película de Woody Allen “Midnight in Paris”.  Siempre he pensado que una novela, a nivel narrativo, se parece mucho a una serie, mientras que el cine se acerca más a los relatos cortos. Sobre todo, las novelas decimonónicas: inicio, desarrollo y desenlace, a pesar de que ahora se juegue bastante con la estructura, como “Leftovers”.

 

  • ¿Qué influencia crees que tienen la producción cultural en la creación de imaginarios colectivos?

Siempre he pensado que esos imaginarios colectivos nacen y se crean a través de la propaganda, de la escuela y con el arte. Cuando estos estetas dicen eso de: “el Arte no debe ser político”, lo están politizando a su manera. Me recuerda al biopic de Steve Jobs: “ves a tu garaje, invierte y trabaja duro”; con esto se logra hacer de una excepción la norma, la norma que hay que seguir. Luego tienes la antítesis en las pelis de Kent Loach o del rollo de “Into the Wild” – “Hacia Rutas Salvajes” – que te dicen que la alternativa se encuentra al margen de la sociedad: tienes que vivir en las montañas, la política no es interesante. Esa película es puro Heidegger (esto nos lo dice Marc muy enervado). Como la película de “Cap. Fantastic”. [Aquí nos corta la conversación un joven de Cau que nos quiere vender boletos para irse de viaje de final de curso].

“Cap. Fantastic” sería más como una comuna primitiva pero funcional. ¿Habéis visto Fargo o Breaking Bad? Tengo la Tesis de que Estados Unidos es la sociedad más totalitaria que existe: en el momento que te declaras socialdemócrata, te llaman comunista de mierda. Su universo político es tan reducido que solo puedes ser liberal y que tener simpatías por las minorías o liberal, pero sin simpatía por esas minorías. Ahora hacen una serie de productos que critican al máximo su realidad, pero cuando se puede llegar a dar una fisura en los límites del sistema reculan, es como si dijeran “no nos pasemos”. Pasa en “Breaking Bad”, no es “Narcos”, es un trabajador pobre, un Gregor Samsa del siglo XXI, que se quiere forrar y petarlo para ganarse un reconocimiento. En la serie te dicen: “Sí, Sí pero No”. Se tensa la cuerda una barbaridad. Volviendo a lo de los imaginarios, el Padrino vistió a los mafiosos de manera contraria a como lo hacían de verdad; Coppola creó al mafioso de traje e impoluto. Después Scorsese, cuando hace “Uno de los Nuestros” dibuja al mafioso de verdad: bruto y sin escrúpulos.

[Antes hablábamos de Reagan y una anécdota en la Casa Blanca donde preguntaba donde estaba la Sala de Guerra, en referencia a la película “Dr. Strangelove”]. Hablando de Reagan, si podéis leeros “Moteros tranquilos, Toros Salvajes” os la recomiendo, porque Reagan lo que hace es cargarse “Apocalypse Now” e introducir “Rambo”. Esto significó básicamente: “Carter eres un sarasa, no podemos dejar que critiquen a nuestro país, hay que poner en marcha la máquina de ideología dominante.”