El Fáctico

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Wonder Wheel, Woody Allen y la culpa de la tragedia

Cuando terminé de ver Wonder Wheel, pensé: “¿Este año me ha gustado la peli de Woody?”. Caminé un poco intentando desentrañar la cuestión y en seguida desestimé la posibilidad de dar una respuesta a corto plazo. Así pues, me propuse dar un rodeo mental acerca de la película y automáticamente recordé un artículo que había leído hacía un par de años. Un texto de Pau Gilabert que ponía en relación algunas películas de Allen con la tragedia griega. Pensé en releerlo cuando llegara a casa. Otra pregunta me vino entonces a la mente: “¿La peli que acabo de ver es una tragedia?”. Este camino cognitivo me gustó más, la nueva pregunta me daba más opciones de buscar referencias. Espontáneamente me acordé de del razonamiento que el mismo Allen había hecho decir a sus personajes de Melinda & Melinda: “En la vida de los hombres y mujeres hay momentos de humor, de los que se aprovechan los cómicos, pero tienen lugar dentro un marco general trágico; la esencia de la vida no es cómica, es trágica”. En cierto modo, eso me había parecido Wonder Wheel, las pinceladas de la piromancia del niño (con las que, por cierto, me reí muy sonoramente en la sala del cine), sobre un lienzo general trágico.

La primera cuestión es la relación que Mickey, un salvavidas local (y aspirante a escritor) de la playa de Coney Island durante los años 50, tiene con Ginny (Kate Winslet), una camarera que se pasa toda la película intentando escapar de su vida sin alegría. Ginny anhela la emoción que una vez sintió siendo actriz profesional, pero a la que renunció debido a la tendencia de destruir todo lo que parece ser bueno en su vida.

En segundo lugar, está Humpty (Jim Belushi), un alcohólico cuyo matrimonio con Ginny se ve aún más afectado por la llegada de la hija de su anterior matrimonio, Carolina (Juno Temple). Padre e hija no han hablado en cinco años, pero Carolina busca refugio con su padre porque ha sido blanco de un ataque de la mafia después de revelar demasiada información a la policía sobre las prácticas comerciales de su marido.

La parte final corresponde a la configuración del triángulo. El enamoramiento de Mickey y Carolina despierta los celos de una Ginny que mezclará en su personaje los problemas de un trabajo que no la satisface y con una historia de infidelidad muy al estilo Madame Bovary (un personaje que ha interesado mucho a Woody Allen ya en sus cuentos como El episodio Kugelmass).

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Finalmente, con la “desaparición” (en su acepción mafiosa) de Carolina y al terminar el romance con Mickey (y también la no-resolución psiquiátrica del problema con el fuego del niño pelirrojo), la vida de Ginny quedará “como al principio”. Lo pongo entre comillas porque obviamente ella queda afectada por toda la historia, pero me parece interesante poner de relieve la estructura narrativa circular que utiliza Allen en el film (además con clara alusión al título de la película). No es tampoco la primera vez que hace uso de este recurso, siempre relacionado con no pagar por el crimen que se ha cometido, como en Crimes and Misdemeanors o Match Point.

Y es que el sentimiento de culpabilidad también es algo que ha interesado mucho a Allen. En 1887 Nietzsche publicaba La genealogía de la moral explicando el origen del sentimiento de culpa a través de mecanismos de represión e interiorización. Según el filósofo alemán, en su origen, la culpa era la deuda que el infractor pagaba de múltiples maneras (azotes, mutilaciones, esclavitud…), sin embargo, con el Estado y la necesidad de una vida pacífica “racionalizada” los impulsos vitales del hombre dejarían de ser exteriorizados y serían reprimidos e interiorizados. Esta fuerza vital, agresividad y energía el ser humano la dirige contra sí mismo y da lugar al sentimiento de culpa que, en último término, no será más que un acto de agresión contra uno mismo. Sugerente. Nietzsche nos invita a analizar como los sentimientos de culpa minan nuestra vitalidad y como estos sentimientos son especialmente intensos en las personas carentes de voluntad. Según el filósofo alemán, un fuerte sentimiento de culpa suele estar asociado al odio, al resentimiento y a un rígido fanatismo moral que cuando tiene ocasión se impone violentamente. Hay quien, leyendo a Nietzsche pueda pensar en “abolir” la culpa, pero ahí Lacan hace una reflexión a partir, precisamente, de la tragedia griega de Sofócles, Edipo Rey. Para Lacan “la ley es lo que enumera el tipo de transacciones que tienen entre sí los seres humanos y nos dice, además, que todo el tiempo estamos violando los mandamientos y es por eso por lo que en la sociedad es posible. La prohibición incluye la posibilidad de su violación e inclusive convertiría esta violación de la ley en el deseo más importante pues no nos apetecería la cosa si la ley no la hubiera prohibido y en esa medida la ley sirve como orientación para la apetencia”. Erotismo y transgresión. “Cuidado con el que no siente culpa”, nos dijo una vez Jorge Alemán en Barcelona. La cara de Ginny al final del filme resume esta tensión a la perfección. Culpabilidad por no haber salvado a Carolina, deseo por Mickey. Tragedia. La relación del ser humano con fuerzas mayores que lo superan, como en Edipo Rey.

Lacan
Lacan, psicoanalista francés

Así, Aristóteles, quien podría ser considerado (también) el primer crítico literario, elaboró en su Poética una suerte de técnica de la tragedia. La define como la “imitación elevada y también, por tener magnitud, completa en sí misma; enriquecida en el lenguaje, con adornos artísticos para las diversas partes de la obra, presentada en forma dramática, no como narración, sino con incidentes que excitan piedad y temor, mediante los cuales realizan la catarsis de tales emociones”. Así, el objetivo de la tragedia es la catarsis, la sublimación de las emociones del temor y la piedad. Aristóteles también describe qué tramas narrativas concretas llevan a este fin. Dice, por ejemplo, que los incidentes representados por las tragedias, para que provoquen máximo efecto, deben ocurrir de manera inesperada y deben haber sido realizados con intención y no por simple casualidad. La elección de Ginny es una decisión. Aristóteles también pone de relieve que la piedad es ocasionada por una desgracia inmerecida y el temor aparece por algo acaecido a personas semejantes a nosotros mismos. De este modo, Aristóteles ve el personaje de tragedia perfecto en una persona no virtuosa en extremo, ni justa, cuya desdicha se ha abatido sobre ella no por el vicio ni la depravación sino por algún error de juicio. Por una mala elección.

“Veremos qué significa una elección absoluta, una elección motivada por ningún bien”. He aquí una (y en principio un tanto enigmática) constatación de Lacan acerca de la Antígona de Sófocles en su séptimo seminario, el impartido en los años 1959-1960, y en el que aborda la cuestión de La Ética del Psicoanálisis. Catarsis: ¿purgación?, ¿descarga?, ¿purificación?, se preguntará Lacan, después de reconocer que en Aristóteles el término está necesariamente vinculado a cierta función ritual de la obra trágica y al sentido ceremonial (y purificador) de la misma.

Al salir de la película, mi madre me dijo que Woody Allen ya está muy viejo y se repite mucho.

Roc Solà

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