Lecciones para la izquierda incluidas en Amélie.

Decía El Nega: Venga alquílate Amelie, profundiza en su argumento. Pues me voy a atrever a analizarla.

 Le fabuleux destin d’Amélie Poulain fue en su momento la película francesa más exitosa de su historia, al menos a nivel de espectadores en cine; con permiso de las obras maestras que nos ha dejado Godard. Se vio como una oda a la vida, a la felicidad que suponen las pequeñas cosas con un toque de nostalgia por un París perenne frente al paso del tiempo. Se ha visto también como una fábula feminista de autorealización personal en conflicto a un mundo hostil pero vulnerable. Aunque son formas loables de aproximarse y entender la película, mi análisis será muy distinto. Nos centraremos para abordar dicha película en dos personajes, Amélie, por supuesto, y el Monsieur Dufayel, el viejo de los “huesos de cristal”.

Lo interesante de ambos personajes es que crean un contraste muy interesante en la película: mientras la mujer, Amélie, presenta dificultades para realizarse a través del mundo de las ideas, de los sentimientos, el mundo suprasensible, el viejo Dufayel tiene impedimentos físicos, sus huesos se quiebran en sociedad.

I) Amélie: 

Si echamos un vistazo las descripciones que se han hecho de este personaje , podremos coincidir en que suelen dibujarlo como una joven inocente desencantada de la vida, que descubre, gracias al hallazgo de una pequeña cajita oxidada que alberga las posesiones más valiosas del niño que habitaba antes su casa, que su pasión y objetivo en la vida es ayudar y enderezar las vidas ajenas. No obstante, a pesar de dedicar su vida en el socorro de los demás, su existencia sigue estando vacía, pues nadie le llena como ella se realiza prestando auxilio en secreto a distintas personas. Necesita encontrar el amor.

Es muy presuntuoso hacer analogías entre personajes, entre los comportamientos de ciertos personajes, y una simbología política concreta. De hecho, sería un pecado metodológico, principalmente porque apropiarse de un significado sino se conoce la voluntad significante puede llevarnos por la senda errónea. No conocemos la voluntad del director y/o guinista. Ser un pecado metodológico, no impide que debamos rechazar esa significación partidista de ambos personajes, especialmente porque: “La inexistencia más pura de ideología significa su existencia más absoluta.”

Esto significa que apropiarse de la producción cultural deviene un deber político en aras de la emancipación. En este caso, Amélie presenta un comportamiento digno de análisis: en primer lugar, porque encarna uno de los principales males de la izquierda: el hippiesmo, en segundo, lugar porque adopta una postura conservadora frente a un mal social, podríamos caracterizarla, incluso como neoliberal, en tercero, porque sus acciones son de endogámicas, solo sirven para satisfacer su Ego, además de realizarlas desde un punto de vista consumista.

  • Hippiesmo: un mal muy común que interviene y acaece la izquierda. Se puede dividir en dos partes este hecho. El primero es bien conocido, la construcción de discurso en torno a demandas relacionadas con la ruptura de la tradición. Es decir, la defensa de los colectivos marginados, tales como los LGTBIQ+, disminuidos psíquicos o físicos como eje central de su proyecto político. Provocando, por un lado, el abandono de la importancia de cuestiones materiales de sustento de la población y por otro, su apropiación por parte de la derecha neoliberal o de la extrema derecha (la gran Nancy Fraser llama a este fenómeno neoliberalismo progresista). De hecho, este fue el germen de la victoria de Trump. Y por otro lado, simboliza un nuevo planteamiento del cambio social, centrado en el “Act Local, Think Global”, dejando en manos de la derecha conceptos como la Nación, el monopolio de la violencia o la Economía. Es objetivamente más sencillo, práctico y racional combatir el neoliberalismo a través de las estructuras que lo sustentan (el Estado) que a través del espacio donde opera (el Mundo entero). Especialmente, porque, los obreros y las clases populares han sufrido el proceso identitario opuesto al gran Capital: mientras los primero han sido nacionalizados, el segundo ha optado por operar a través de su internacionalización. Los hippies, posmos o también conocidos como progres renuncian a las herramientas de combate que hacen posible el cambio social.

 

  • Neoliberalismo: Amélie centra su vida en la ayuda de los desastres sociales y personales ajenos. Es decir que, de manera altruista, vuelca su vida en los demás. Retomando la aproximación política del neoliberalismo frente a la marginalidad, veremos que tienen puntos muy cercanos. La esencia de dicho sistema económico y por ende, sistema político, es la aceptación de que el Estado no debe ni puede intervenir en la economía y que la existencia de marginalidad solo se puede abordar desde el altruismo desinteresado, tal y como se hace en USA, pues el interés del Estado en reducir los índices de marginalidad sería una prueba de intervención en la redistribución de la riqueza. Amélie es ese altruismo que sustituye al Estado. Cuando decide ayudar, por ejemplo, al personaje de Jamel Debbouze, un joven corto de entendederas (se presupone una ligera discapacidad psíquica) que es humillado y explotado por su jefe; Amélie interviene como justiciera (se disfraza de El Zorro) castigando al patrón. Se derivan dos interpretaciones: un paternalismo implícito propio de la izquierda, que más arriba hemos definido como progre, y un comportamiento alegal, fuera de la Ley. Cuando debería ser una tarea del Estado limitar la precariedad, el mobbing y la explotación laboral. Locke diría que el Estado es el ente que procura las herramientas objetivas para la resolución de los conflictos provocados por aquellos que no respetan la Ley, porque la individualidad frente a la resolución de un agravio supone la desproporción o su contrario. Se trata de una gestión de la marginalidad a través del altruismo, reduciendo la responsabilidad estatal en la resolución de los males sociales. Limosna vs. intervención para acabar con la miseria.

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  • El Ego de Amelie: Zizek lo ilustra de manera brillante cuando habla de Titanic: la relación naciente entre Jack y Rose es fruto de la redención de esta última. Frente a una estupida crisis de personalidad, la niñata que es Rose se permite el lujo de festejar con un obrero que va de camino a USA debido a la privación tanto de trabajo como de otro medio de vida en su país natal. El rol de Di Caprio, Jack, es devolverle esa identidad que se le ha negado dentro de la moral de su clase; y, que por supuesto, es algo pasajero. Pasa igual en Amélie, la joven confusa no ayuda de manera altruista a la gente, lo hace porque, primero, su identidad se desvanece y, segundo, porque le aporta satisfacción personal y alimenta a su Ego. Consume experiencias personales, hace y deshace desgracias sociales porque le inflan la moral y porque la significan en el mundo que la rodea. No es altruista, es completamente egoísta.

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II) Monsieur Dufayel:

Dufayel es un hombre solitario, encerrado entre los muros de su casa. Rodeado de muebles viejos, aparatos inservibles y pinturas, sobre todo, muchas pinturas. Se trata de uno de los desastres personales a los que auxilia Amélie. Está desencantado con el mundo que le rodea por su hostilidad y la apariencia peligrosa que presenta. Amélie y Dufayel se espían mutuamente, Dufayel con prismáticos y Amélie con un catalejo. Dufayel lleva 20 años reproduciendo pinturas de Renoir y lleva mucho tiempo encallado en la misma obra:  El Almuerzo de los Remeros, concretamente en la mirada y los ojos de la niña que bebe agua.

Dufayel no conoce el mundo que le rodea, no utiliza la Televisión ni la Radio. Se abstrae de la realidad porque le interesa seguir en esa caverna. El viejo de los huesos de cristal es el hombre de epistemología corrompida que describe Platón. Prefiere la comodidad de la caverna por miedo a la realidad que el exterior enemigo, que pone en cuestión su situación.

Se trata de un personaje muy conocido en los páramos que se hacen llamar de “izquierdas”. Un perfil que prioriza la satisfacción personal frente al poder tener poder, el izquierdoso que se jacta desde Twitter de la incultura de aquellos que dice que quiere emancipar. Que se rie y menosprecia a Sálvame y Hombres, Mujeres y Viceversa o los programas de bajo “interés cultural” en general. Se refugia por tanto, en una falsa superioridad intelectual por su incapacidad en conectar con la clase obrera. Porque, fundamentalmente, no son como él. El viejo Dufayel quiere pintar al mundo a través de Renoir, pero no conoce al mundo. Es un renegado político. Alguien que reprocha la “alienación” pero que su distinción social es fruto de esta.

Me recuerda al gag de Polonia en el que se plantea la problemática social en la cual el hijo de un izquierdoso-Dufayel plantea la posibilidad de devenir obrero y no estudiar. Se concibe como fracaso que el niño en cuestión no aproveche el ascensor social que sus padres critican. Ontologicamente son sujetos distintos de aquellos que dicen abanderar. El mito de la clase media funciona, la izquierda de salón se revela, son iguales epistemologicamente pero distintos sujetos al fin y al cabo.

El Señor Dufayel es un paria social, político y humano. No sabe en que época vive, no sabe como intervenir en sociedad, desconoce el espacio donde lo real actua. No es nadie. Políticamente es un cero a la izquierda. No es capaz de dibujar a la sociedad, porque no la conoce.

 

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