El Fáctico

Donde las derrotas no se leen a pie de página.

La casa de papel: morfología política de un atraco

Pequeño análisis político de la serie que ha triunfado no sólo en España sino en el mundo entero: de atracos, principios y política en “prime time”

Hay muchas cosas que comentar en esta serie -en total son quince capítulos-, que sinceramente pone en jaque el concepto de “españolada” como sinónimo de chapuza cinematográfica. Repasemos un poco la trama de este curioso atraco.

El Profesor, una mente brillante, reúne a un equipo de “fuera de la ley” para dar un gran golpe, un atraco magistral: robar 2400 millones de euros de la Fábrica de Moneda y Timbre, que es el edificio que imprime papel moneda en España. El equipo se entrena durante un año en una finca de Toledo para preparar el golpe a conciencia, pero sin establecer -en teoría- relaciones interpersonales entre ellos para evitar que ello interfiera en la misión. El grupo que da el atraco y que se encierra en la Fábrica a imprimir billetes durante días, con la policía asediándolos y con 67 rehenes, está compuesto de:

  • El Profesor (no entra como atracador): Es la mente detrás del plan, y el negociador de los atracadores. Se lía con la inspectora al mando, y de esa forma, entre otras, consigue información privilegiada sobre el caso para así poder manipular a la policía.
  • Tokyo: es la narradora de la historia. Pese a la prohibición de establecer relaciones interpersonales con otros miembros del equipo, mantiene una relación con Río, descubierta a los pocos días de entrar en la Fábrica. Cerca del final de la serie, es entregada por Berlín a la policía por desobedecerle y torturarle.
  • Berlín: es el jefe de la operación sobre el terreno, designado por el profesor. Despiadado, sin sentimientos, es un carismático líder con gusto por el espectáculo. ¿El problema? Se está muriendo, y con toda probabilidad solo le quedan unos meses de vida. Él y Tokyo se convierten en los opuestos líderes del grupo, que se solventa con Berlín entregándola a la policía en medio del atraco.
  • Río: el más joven de la banda, tiene una relación con Tokyo. Es un hacker, y cumple un papel de segundón político respecto a Tokyo. Se debate entre la lealtad al grupo y el entregarse a la policía, fluctuando con cada cambio en su relación con Tokyo.
  • Moscú: minero, viudo, busca dejar de ser un perdedor como ha sido toda su vida. Arrastra a su hijo en su aventura, aunque no consigue quitarse de la cabeza la humildad que durante años le ha sido impuesta. Es la encarnación de la bondad en el bando de los secuestradores; casualmente, acaba muriendo a punto de conseguir la libertad.
  • Denver: el hijo de Moscú, el típico ni-ni guapetón. Se enrolla con Mónica, la amante de Arturo, que es el Director General de la Fábrica. A pesar de ser un cani, se muestra el espectador como una buena persona, y encima anti-abortista.
  • Nairobi: mujer racializada, perdió a su hijo por traficar con pastillas. Es extrovertida, pero duda en la toma de decisiones. Por ello, siempre acaba a la vera de Berlín o  Tokyo, depende del momento; hasta que toma el mando. Pero le dura poco, pues se derrumba. Y ahí está Berlín para retomarlo.
  • Helsinki: veterano de guerra de Europa del Este, muy alegre y hecho un armario, este simpático barbudo cumple la cuota de diversidad sexual requerida por el actual público, siendo gay.
  • Oslo: amigo y camarada de lucha de Helsinki, de la misma constitución, es el primero en morir durante una fuga de 16 rehenes; el primer gran revés del grupo.

En el otro lado, de parte de las fuerzas del orden, tenemos:

  • Raquel: es la investigadora jefe y negociadora asignada al atraco. Es una mujer separada y maltratada por su marido, que acababa siendo seducida por el Profesor. Es obstinada, tenaz y resoluta, pero la inexistencia de progreso va minando poco a poco la confianza en sí misma. Al final, se da cuenta de quién es realmente el hombre con el que ha estado -el líder de los atracadores- pero el amor le impide entregarlo.
  • Ángel: el segundo al mando, está enamorado de Raquel, pero ella no le corresponde. Descubre por sus propios medios que el hombre que está saliendo con Raquel, el Profesor, es realmente quien dirige el atraco desde fuera. Se queda en coma por culpa de un accidente.

Finalmente, entre los rehenes destacan:

  • Arturo: Director General de la Fábrica, supone el típico jefe horrible y patriarcal que siempre intenta salirse con la suya, a cualquier precio. Desde su antigua posición de poder intenta arrasar con la jerarquía operacional de los atracadores, pero en una de esas maniobras decide un tiro, y en la otra delata el plan de fuga de algunos de los rehenes. Está liado con Mónica, su secretaria, que está embarazada de él. Como era de esperar, la trata como a un ser sin voluntad, destinado a obedecerle.
  • Mónica: secretaria de Arturo, se intenta fugar pero es descubierta, por lo que Berlín requiere a Denver que la mate. Sin embargo, éste le pega un tiro en la pierna, salvándole de una muerte segura. Ella, imbuida del espíritu del síndrome de Estocolmo, se lía con él. Acaba traicionando a Arturo durante un intento de fuga, y se pone a colaborar con los rehenes.
  • Alisson Parker: es la hija de un diplomático británico, y la figura clave por la que no se lleva a cabo una intervención inicial; podría haber tensiones diplomáticas con el Reino Unido. Es la marginada de la clase, y encarna la corrupción política al ser preferida en una liberación de rehenes sobre ocho chicos españoles.

La conclusión del atraco es la siguiente: muertos Moscú y Oslo, los atracadores restantes y Mónica, que se les ha sumado, consiguen sacar casi 1000 millones de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre. Sin embargo, Berlín se queda cubriendo la retirada atrincherado con una ametralladora, y muere ganando tiempo para sus compañeros. Los restantes escapan: la última escena es el Profesor reencontrándose con Raquel en Filipinas, preparados para relanzar su amor.

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Más allá de que Atresmedia haga publicidad encubierta por un tubo de Cola Cao, Estrella Galicia, Cabreiroa y sus propios canales de radiodifusión, no deja de ser simpático, al menos para el que escribe, la vinculación de los protagonistas del atraco con la sempiterna canción de resistencia obrera y antifascista “Bella Ciao”. La comercialización y vulgarización de los símbolos de la izquierda, que empezó con el Che Guevara, parece no tener fin.

Empecemos pues, con un tema central para la izquierda: la clase trabajadora y su representación en la película. La mayoría de los atracadores, especialmente Moscú y Denver, provienen de la clase trabajadora, pero no forman parte de la clase trabajadora a la hora de definirlos socialmente: caen en la categoría marxista de “lumpenproletariado”. Este concepto se trabaja a conciencia en el 18 de Brumario de Luis Bonaparte, por Karl Marx, pero aparece por primera vez en La filosofía alemana, de Marx y Engels. El termino en alemán, casi idéntico (lumpenproletariat), se usa en la teoría marxista para agrupar a aquéllos individuos de la clase trabajadora que no acceden al mercado laboral, ergo no generan riqueza en un sistema capitalista, y que es fruto de la precarización y la necesidad estructural de desempleo y mano de obra barata. El marxismo ortodoxo, siguiendo el 18 de Brumario de Luis Bonaparte, entiende que esa subclase social, en tanto que depreda de la riqueza generada por la clase trabajadora (ladrón que tira del bolso a una señora), constituyen un punto de apoyo de la clase dirigente: la Guardia Móvil descrita por Marx en 18BLB, que sirvió para reprimir las insurrecciones obreras y allanar el camino al poder para Luis Bonaparte. No sólo es un punto de apoyo, sino que coluden en su necesidad de existencia de una masa de la población no protegida ni de la extracción de plusvalía ni de atracos, hurtos, drogas, redes de prostitución y estafas. Por ello, Marx y Engels entienden que es un grupo social donde la conciencia de clase no tiene influencia.

Además, la existencia de criminalidad en un sistema que no está preparado ni ambiciona acabar con ésta (el Código Penal simplemente mantiene las tasas de criminalidad) constituye uno de los pilares argumentales para la coacción y la represión de las clases populares, que ante el terrible criminal se hecha a los brazos del Legislador y del sistema socioeconómico que sujeta a éste. Pero vayamos con la serie:

Supongo que si naces en el lado equivocado, mueres en el lado equivocado.

Denver

 

El creador entiende la relación entre clase trabajadora y lumpenproletariado: la clase y la subclase forman parte de la no-libertad, en tanto en cuando son la antítesis de aquéllos libres o con derecho a vivir sin trabajar, lo que se entiende como burguesía rentista. Denver, por lo tanto, representa esa clase trabajadora precarizada que no consigue entrar al mercado laboral, y que por lo tanto les es negada la posibilidad de sacar provecho de lo único que tiene, su fuerza de trabajo.

Esto es debido a: 1) las exigencias del mercado 2) un contexto que no permite llegar a las exigencias del mercado y 3) la formación de una voluntad en los criminales  de vivir al margen de la ley, determinada por un contexto que les niega cumplir con esas exigencias, y al negarles eso les impide proveerse una supervivencia como asalariado.

Por otro lado, tenemos la posición que esgrime Berlín: entiende que la criminalidad, como exclusión del individuo de la sociedad -al no respetar la legalidad- es condición excluyente para la creación de poder. Sin embargo, hay que constatar sin dudas la aparición de unas jerarquías rígidas en la esfera del crimen, especialmente en la criminalidad organizada con ánimo de lucro como la que aparece en la serie. Esa jerarquía que estudiaremos más adelante contiene per se una microfísica del poder: la criminalidad organizada, como comunidad política de los excluidos de la comunidad política legalista, como cara oculta quizás de esa jerarquía y no como negación, se estructura también en el binomio dominantes-dominados, dando lugar a la creación de lumpencapitalistas. ¿Ejemplos? Al Capone, Pablo Escobar Gaviria, Don Vito Corleone y muchos más.

Me gustan los despachos, con el escritorio de caoba, pero el crimen y los despachos no casan.

Berlín

 

El siguiente punto es el “la cagué”: la criminalidad aparece en la serie como consecuencia de la voluntad activa de los individuos, no como consecuencia sistémica de la pobreza. Ésta sólo aparece como causa subsidiaria, para humanizar al sujeto, pero no como piedra angular desde la que éste toma las decisiones. Río comenta: “podría haber sido un chico normal”. El hecho de formar parte del lumpenproletariado no se deriva, en la filosofía de la serie, de las condiciones materiales de los personajes, sino de su deseo de dar el golpe. Se ignora, pues, que se ven forzados a ello por la necesidad, aceptada o no, de cubrir ad eternum sus necesidades económicas y por lo tanto vitales. De esta manera, se elimina de la ecuación el contexto que determina y condiciona a los sujetos, y se parte de la pura voluntad ideal del Ego para formar parte del atraco: cierto es que se ven empujados a ellos por la desesperación, pero acaban creyéndose su rol. Han nacido para esto, están donde deberían estar. Y roban porque están convencidos de que es correcto, no porque estén desesperados -o eso nos acaba señalando la trama a grandes rasgos.

Hay, por parte del guionista, una acentuación de la profesionalidad tanto del Profesor como de Raquel: son el héroe y el antihéroe criminal foucaltianos por excelencia, trabajados por Foucault en Vigilar y Castigar. La literatura de lo criminal originado a mediados del siglo XVIII deja de elevar a los criminales a héroes del pueblo, que de cierta forma mantienen un vínculo con este, a seres más allá de la mediocridad, y por lo tanto muy alejados del común de los mortales. El Profesor y Raquel encarnan dos personajes excepcionales, con los que el espectador no empatiza sino que admira. A nadie, viendo la película, se le ocurriría que él puede llegar a ser el Profesor. La criminalidad, por lo tanto, se aleja de lo común, y como herramienta de propaganda el cine permite alejar a lo común de la criminalidad reservándola a ciertos individuos selectos. La serie contiende muchas escenas en las que se observa al Profesor dando clase -literalmente- a su grupo de elegidos, transfiriendo ese conocimiento incalculable a meros mortales.

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También hay un espacio para hablar de feminidad y feminismo en esta serie. Raquel es una mujer maltratada, que requiere ser agresiva para continuar en su línea de trabajo. A su vez, su segundo al mando (Ángel), con el que tuvo una aventura hace años, se vuelve más agresivo desde que ella lo rechaza. Éste entiende que sólo la agresividad, característica de la masculinidad hegemónica, lo hará Hombre, o al menos un hombre deseable por Raquel. Ambos personajes se ven forzado a la agresividad en base a impulsos de carácter hegeliano: Raquel desea ser fuerte porque el cuerpo policial desea que tenga las características de un hombre, y Rubio desea ser agresivo porque entiende que las mujeres desean los hombres “masculinos”; es pura dialéctica del Amo y el Esclavo. Como dice Tokyo en su papel de narradora: “Raquel es una mujer en un mundo de hombres”; y ese mundo la fuerza a casar con el ideal policíaco, eminentemente masculino. Mencionar que el giro agresivo de Rubio le lleva a una actitud machista tradicional, de desprecio hacia la mujer que lo ha rechazado.

El segundo punto de feminismo que se puede observar es como se hacen amigas Tokyo y Nairobi, las dos únicas chicas del grupo que se prepara para dar el atraco: Tokyo descubre la cicatriz de la cesárea de Nairobi, y una charla sobre el tema las hace íntimas. Se muestra la sororidad a través de la maternidad, sororidad en tanto en cuando son útiles para la reproducción: feminismo vinculado a la -acotada- función social de la mujer. A pesar de romper con la figura clásica de la mujer convirtiéndose en atracadoras tan duras o más que sus compañeros, el guión no rechaza la posibilidad de utilizar un recurso tradicional a la par que machista para entrecruzar los dos personajes. Finalmente, esa sororidad lleva a la sexualidad y básicamente al perreo intenso y al coqueteo lésbico entre dos mujeres que hacía media hora se habían cruzado cuatro palabras: ser mujer es ser sexy, y si eres una atracadora eres una atracadora sexy que, como un tío, siempre estás caliente.

Finalmente, como tercer punto, el interrogatorio de Raquel a Tokyo cuando ésta es entregada: dos mujeres que, en sus respectivos bandos, se reconocen como iguales en tanto en cuanto son mujeres en un mundo de hombres. Pero, a pesar de que la opresión de género está presente en las dos, no son iguales: una ostenta el poder material traducido en la posibilidad de que Tokyo pase más o menos años en la cárcel en función de su colaboración, y la otra es un mera receptora del juicio subjetivo de Raquel, y a través de ella de la voluntad punitiva del Estado.

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Hay también, en un plano conceptual, la asimilación por parte del espectador de una rígida jerarquía en ambos bandos como sinónimo de efectividad. Esto se puede observar, entendido en una línea foucaltiana, en el ejercicio de poder por parte del enviado del CNI -Prieto- sobre Raquel, la jefa designada: hay una clara yuxtaposición de la esfera simbólica -Raquel- y la que efectivamente ejerce el poder en ciertas decisiones esenciales -el CNI-. Además, a pesar de tener tintes más horizontales, en el bando de los atracadores podemos ver como el poder se concentra cada vez más en manos de Berlín, mientras los sujetos de la comunidad política “atracadores” se dividen entre oposición y apoyo a ese poder constituido en base al control efectivo de la situación y sobre todo de la información: Berlín es el único que conoce las complejidades de todos los planes a desarrollar. La situación acababa degenerando hasta el punto que Berlín le espeta a Nairobi, justo después de entregar a Tokyo: “¡esto es un patriarcado! Significa que mando yo“. Señalar que quienes más apoyo dan a Berlín, obedeciendo sin rechistar, son los dos ex-militares (Helsinki y Oslo), dejándose ver así, en el esquema social de los atracadores, la disciplina militar clásica.

La ausencia de leyes en el interior de la Fábrica de Monedas supone el caos, la anarquía: la degeneración de la moral de los rehenes (violencia) y una jerarquización a pasos acelerados por parte de los secuestradores, donde gobierna la ley del más fuerte. Cuando Tokyo y Berlín chocan, la ausencia de una estructura comunitaria con el monopolio de la violencia -el Estado- provoca la venganza sin límites sobre Tokyo por parte de Berlín, al fracasar su “coup d’État”. Esa venganza se traduce en la eliminación física y social de Tokyo en la sociedad: se la arroja “al exterior”, es decir, se la excluye de la comunidad política formada por los atracadores. Tokyo, al traicionar al poder político imperante en la Fábrica -Berlín-, se convierte no en una ciudadana con ciertos derechos limitados, como ocurre con los presos, sino en un sujeto carente de todos ellos, pues no hay fuerza dentro de la Fábrica más poderosa que los atracadores, y con ello Berlín. Tokyo es, por lo tanto, un sujeto sin derechos que se ve forzado a romper todas las relaciones sociales establecidas hasta ese momento debido precisamente a la pérdida de status/derechos.

Es precisamente, para acabar, el porqué de la definición del Código Penal por parte de Von Liszt (eminente jurista alemán) como la constitución del delincuente. En el Estado moderno de Derecho el Estado precisamente pretende limitar esos derechos y no eliminarlos completamente (e.g. sigue existiendo derecho a la defensa jurídica), y a la vez canalizar el ansia de venganza de los individuos a través de la violencia, sí, pero ejercida por un Estado legitimado en las urnas cada mil cuatrocientos días. La ausencia de esa autoridad suprema, de unas leyes intocables so pena de castigo, permite el descontrol y la anarquía dentro del grupo de atracadores.

Como conclusión, es una serie con muchos elementos a desgranar, y que a pesar de mis reticencias iniciales ha resultado ser una joya nacional del tan trabajado género cinematográfico de la criminalidad.

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