Estructura de clases y voto a la extrema derecha en Francia (ESP)

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El auge a nivel global de la extrema derecha es un tema de atención en los últimos tiempos por lo que a respecta al éxito del discurso y la crisis de los postulados liberales y sociales que gozaban de importante apoyo desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Aunque la causa de este fenómeno es multifactorial, el trabajo que realicé como Trabajo de final de grado, buscaba centrarse en el efecto de la estructura de clases sobre la incidencia de la extrema derecha y su triunfo electoral en el caso de la República francesa. La pregunta que planteé consistía en: “¿Las diferencias de voto a la extrema derecha entre los diferentes departamentos de la República Francesa tienen relación con las diferencias en la estructura de clases de estos departamentos?” Es por eso que la clase, el estatus social, la posición dentro del mercado de trabajo, el género i los inmigrantes son factores tenidos en cuenta en el análisis con regresiones y soporte bibliográfico. Si bien la hipótesis principal ponía el foco en el papel de las clases más privilegiadas, los resultados demuestran que los buenos resultados provienen de una transversalidad de clase en un momento populista.

Marco teórico

Los autores en los que reforcé la teoría se centró en dos vertientes: por una banda, definir la extrema derecha y, por la otra, la estructura de clases, ambos casos en el contexto francés. En este sentido, la base teórica recaía principalmente en Nonna Mayer, como politóloga francesa especializada en el estudio del Frente Nacional, i Erik Olin Wright, académico estadounidense que nos abandonó este mismo año y desde un vertiente neomarxista nos aporta una visión holística de la estructura de clases. En dos frases: la estructura de clases la define la posición en la distribución de tres bienes diferenciados: los medios de producción (propietarios -diferenciados por el número de empleados- o no propietarios); de organización, capacidad de decisión política sobre el trabajo (directivos, supervisores o subordinados); y de cualificación, el nivel de titulación (expertos, semititulados o no titulados).

Esquema de clases sociales por Erik Olin Wright

Fuente: Elaboración propia a partir de Clases (Wright, 1994).

Aun así, para concretar y definir históricamente el extremo derecho del espectro político francés, hay que tener en cuenta a los siguientes autores: para hablar del género y la extrema derecha, sobre todo en el trato discursivo y comunicativo, son esenciales los postulados de Lisa Downing, Francesca Scrinzi y Angela Davis; en cuanto al comportamiento del Frente Nacional y sus satélites en el sistema político y de partidos, hay que centrarse en Gilles Ivaldi, Pipa Norris y Bruno Lerralde; para un recorrido histórico de esta fuerza política y su aceptación social, reforzando postulados identitarios, tanto a nivel local como europeo, hay que ver el trabajo de Samuel Bouron, Ferran Gallego, Miguel Urbán y José Luis Rodríguez. De la misma forma, para adecuar la teoría de clases a la realidad del país galo, recurrí a otros autores: para redefinir las categorías de clases de Wright en categorías socioprofesionales, operacionalizables para poder trabajar con los datos del Institut National de la Statistique et des Études Économiques (a partir de ahora Insee), hay que tener en cuenta el trabajo de Desrosières y Thévenot; y para dotar de la perspectiva de género y, aunque en menor medida también, de raza al estudio de clase, introduciendo la idea del interseccionalismo, me apoyé en Angela Davis y Arlie Hochschild.

Categoría socioprofesional y clase por Insee, Wright, Desrosières y Thévenot

A parte, dados los resultados del análisis i haciendo una lectura del momento político en el que se producían las elecciones y lo que decían la mayoría de los autores, tuve que plantear en otros términos el modelo de análisis inicial a partir de los autores anteriormente citados y añadir un par de trabajos que contemplaban la teoría populista para entender los sucesos del 2017 en la República francesa en un contexto de crisis/postcrisis y de populismos crecientes: por una banda, Eelco Harteveld y José Ramas Caamaño que hablan en términos genéricos sobre el desarrollo a nivel europeo de las respuestas electorales y, por la otra banda, Guillermo Fernández, investigador de la Universidad Complutense de Madrid, justo este Mayo planteaba en Qué hacer con la extrema derecha en Europa. El caso del Frente Nacional (2019), un análisis en primera persona de los movimientos electorales desde la vertiente comunicativa, pero también en términos sociales, dónde me centré principalmente.

Conclusiones

En primer lugar, por lo que se refiere a la hipótesis principal de este estudio, destaca que no hay un comportamiento fácil de ver entre categorías socioprofesionales de “arriba” y las de “abajo”, en tanto que hay un apoyo a la extrema derecha tanto de explotadores agrícolas como de obreros y trabajadores. En cambio, se rechaza el voto a la extrema derecha básicamente por altos directivos y propietarios de negocios de todo tipo, con variaciones del comportamiento en función de los candidatos, por profesiones intermedias y empleados. En términos de nivel educativo, sí que hay una lectura suficientemente convincente de que los que tienen estudios superiores dan un poco más de apoyo a la extrema derecha, especialmente a Dupont-Aignan. Si bien en los modelos completos, mayoritariamente todos los efectos son negativos, disminuye el voto con más fuerza con menos estudios. En relación a la posición del trabajo, no hay diferencias en el sentido del efecto, ya que prácticamente todos afectan positivamente al voto, pero hay que destacar los parados y las trabajadoras del hogar: los primeros son un grupo muy importante para el voto de Le Pen, junto con los asalariados, en comparativa a independientes y ocupadores, mientras que las trabajadores del hogar no es significativo para Dupont-Aignan i para Le Pen es un importante filón de votos, siendo la variable que más aporta al voto según el modelo. En este aspecto, Fernández cuando habla de los “oubliés” (olvidados) dice exactamente: “Hoy la formación lepenista recoge el 35% de intención de voto entre los argicultores, el 44% entre los obreros, el 29% entre los desempleados y profesionales independientes, el 15% entre los cuadros superiores, el 21% entre las profesiones intermedias, el 35% entre los empleados y el 21% entre los pensionistes. Estos datos dan la medida de la capilaridad de su anclaje y lo diverso de sus apoyos”. Esto concuerda perfectamente con lo que reflejan los resultados y da pie a establecer que estamos ante una evolución de la extrema derecha, como mínimo de cara a estos comicios: la “tesis Philippot”, que toma el nombre del número 2 de Marine Le Pen durante las elecciones del 2017, partía de la premisa de la necesidad de anclar el mensaje en lo que es la cultura francesa (patria, república, Estado del Bienestar, etc.), así como una retórica populista en torno de una democratización del poder para el pueblo contra otro, el enemigo (la Unión Europea como culpable de la crisis económica y los musulmanes como tentadores de la esencia de la cultura francesa, la laicidad). A parte, la premisa contemplaba una izquierda que había abandonado a las clases populares, dándolas por perdidas en la abstención o hablando en un lenguaje dirigido solamente a los convencidos, así como una derecha en casos de corrupción (Simon, 2017). Esta tesis combinada con la capacidad de acercarse discursivamente a la izquierda con un discurso nacional-antiestablishment, aporta una transversalidad que en un momento populista permite llegar a luchar para la presidencia de la República francesa (Harteveld, 2017; Mayer, 2018).

En segundo lugar, la hipótesis sobre el genero gira en torno a la posible indiferencia de comportamiento entre hombres y mujeres. En términos generales, y especialmente a Dupont-Aignan y las categorías socioprofesionales, no hay diferencias substanciales en el voto por clase entre hombres y mujeres a la extrema derecha. Si bien es así mayoritariamente, hay que destacar dos aspectos que difieren: por una banda, a altos niveles de estudio hay un comportamiento similar para los hombre que en el conjunto de la población, difiriendo de las mujeres que no difieren por nivel de estudios substancialmente; y, por la otra banda, el caso paradigmático de las mujeres trabajadoras del hogar. Este último sector tiene un efecto 4 veces superior en mujeres que no en hombre, siendo positivo para el voto de la extrema derecha, especialmente a Marine Le Pen. Esto se explica por un sector que está altamente feminizado y precarizado. Aquí el partido de la candidata de los Hautes-Pyrénées también tenido una estrategia de la mano del gurú político Florian Philippot: esto va desde el conocido pinkwashing, entendido en la academia como los discursos y el simbolismo que usan agentes políticos para limpiar la imagen a partir de posturas próximas al feminismo (hoy en proceso de hegemonización), hasta la “desdiabolización”, consistente en quitar la imagen impenetrable para sectores moderados con los discursos frentistas de la era Jean-Marie (semitismo, machismo, homofobia…) (Ainengay, Durovic i Mayer, 2018; Fernández, 2019). La imagen de Marine Le Pen como mujer libre que se enfrenta a las imposiciones de los hombres con americana que tienen compromisos con Bruselas o de los islamismos que atentan contra la libertad de como ser y vestir las mujeres de la república laica, dista en este sentido de los discursos homófobos de su padre. Un ejemplo paradigmático de la nueva gestión de estos conflictos fronterizos entre la voluntad de la base militante de extrema derecha y los objetivos de representar la transversalidad fue la posición del Frente nacional respeto a la Manif pour Tous, un movimiento muy importante de cariz conservador que se desarrolló entre el 2012 y el 2014, con manifestaciones multitudinarias en contra de la ley de matrimonio homosexual de Hollande. El partido, en vez de apostar al 100% o en contra, dejo hacer a la militancia libremente lo que quisiera y no tomo parte institucionalmente, una forma que dista mucho de la postura que había tomado Jean-Marie en años anteriores. Eso le permite no defraudar una base mientras tenta a votar a su formación a colectivos históricamente asustados del Frente como las mujeres.

Y en tercer lugar, por lo que se refiere al origen, parece muy importante tener en cuneta las diferencias entre colectivos, en tanto que unos, los inmigrantes, se usan como arma para conseguir votos en el grueso de la población votante formada por autóctonos agravados y perdedores por la globalización. Es a partir de los resultados que podemos resolver que a mayor proporción de población migrante hace disminuir el voto a la extrema derecha, excepto en el caso de los obreros y trabajadores inmigrantes, que hace crecer los votos a la extrema derecha. Es sustancial destacar como entre estos olvidados vuelve a destacar las trabajadoras del hogar, con gran apoyo por lo que se refiere a los autóctonos y una gran oposición por lo que se refiere a trabajadoras inmigrantes. Pero en el sector inmigrante, los componentes que más afectan negativamente son las bolsas de estudiantes y parados inmigrantes. Por tanto, si nos fijamos en los efectos en los autóctonos hay un mayor apoyo a la extrema derecha por parte de trabajadores, obreros, parados y las trabajadoras del hogar. En este sentido, en el libreo Fernández-Vázquez, destaca una lógica esperable en un momento de auge nacional-popular, reforzado por el conservadurismo social centrado en la cultura francesa, i una crisis económica que ha pasado factura a las zonas más ricas y prosperas de Francia: la reivindicación pasa por un Wellfare chovinista, desde la corriente del soberanismo integral del partido, dónde transforma un hecho social como el Estado del bienestar en propio de la cultura y la identidad francesa y por eso se ha de garantizar prioritariamente a los franceses antes que a los demás. Pasa entonces por crear un nuevo “sentido común” a partir de la desconfianza en el otro y la inseguridad económica, donde los inmigrantes son los culpables a partir de tres hechos impactantes en cualquier sociedad europea: los atentados, especialmente las Torres Gemelas, la crisis económica i la crisis de refugiados. Eso por lo que se refiere esencialmente a la población autóctona, ya que por lo que se refiere al comportamiento de la población inmigrante no hay unos estudios substanciales ni tan si quiera se diferencia entre los que tienen derecho y voto y los que (Davis i DEole, 2017).  

En resumen, el estudio permite ver la importancia relativa de la clase para explicar comportamientos del voto, pero en un momento de ruptura de los viejos partidos y un momento dónde la estrategia populista se ha tomado en consideración, diluye los efectos de clase. Pero parece relevante destacar que a dos años de aquellas elecciones, parece que el actual Rassemblement national (el nuevo Frente Nacional) ha vuelto a virar a posturas más derechistas y conservadoras, encabezadas por la nueva heredera Le Pen, Marion Maréchal-Le Pen, una figura importante del nacional-conservadurismo dentro del partido y que ha conseguido echar una parte importante de los seguidores de la tesis “Philippot”, volviendo a centrarse en el refuerzo de la base ideológica de derechas. El futuro del voto de clase a la extrema derecha parece que se verá por la capacidad de esta de hacerse hegemónica dentro de la derecha.

“Goebbels al costat d’aquests payos capitalistes,

un payaso amb xancles.”

At Versaris, grupo de rap catalán


Por Jaume C. G.

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